Los Algarves de Fernando Pessanha




Me gustan las personas que se hacen así mismo. Las personas que son notables por su talento, pero también por su esfuerzo. Me gustan quienes entienden que su éxito sólo tiene valor si aporta algo nuevo o constructivo al mundo, a su mundo más cercano. Por eso me gusta Fernando Pessanha.

Feira de Velharias en Boliqueime




Velharia=objeto bello de poco valor, trasto, uso o costumbre antigua. Eso dice el diccionario sobre un término con el que los portugueses bautizan unos de sus eventos sociales y turísticos más populares: las Feiras de Velharias. Para nosotros, sus vecinos, son mercadillos de antigüedades, aunque en estos tenderetes ambulantes, ubicados los fines de semanas en las zonas más populares de sus pueblos, puedes encontrar desde una valiosa lámpara a unos zapatos gastados o un denostado juguete infantil.

Restaurante Casa Merca: la mejor sopa de fideos





El Algarve, como Escocia, también tiene su dragón. Un dragón de agua dulce que se extiende en las tierras menos conocidas de esta famosa región. A pocos kilómetros de Castro Marim, dirección a la bonita ciudad de Mértola, el río Odeleite va recorriendo de manera serpenteante un verde territorio donde conviven las tierras de labor con campos salvajes, en los que se alimentan sus cabras autóctonas. Visto desde el cielo, el río es un gran dragón azul y justo encima de su cabeza se vislumbra un pequeño punto blanco, aquí está la aldea de Odeleite y aquí se cuecen a fuego lento los mejores fideos artesanales de Portugal.

La Fábrica de los Sentidos en Faro




Algo está pasando en Faro y me gusta realmente mucho. Se respiran aires de modernidad en la antigua Ossonoba y, como bien dice mi amiga portuguesa Luisa, ahora Faro sí que es capital real del Algarve. Nuevos restaurantes, hoteles, locales gourmet, así como una extensa e interesante actividad cultural y social en la ciudad farense ponen en evidencia su despunte hacia la modernidad. Eso sí, Faro, como otros muchos lugares algarvios y lusos, tiene la gran virtud de no solapar su identidad con la llegada de esos aires innovadores y, sobre todo, de transformar la decadencia en una belleza muy particular, indescriptible al menos para mí.