La Fábrica de los Sentidos en Faro




Algo está pasando en Faro y me gusta realmente mucho. Se respiran aires de modernidad en la antigua Ossonoba y, como bien dice mi amiga portuguesa Luisa, ahora Faro sí que es capital real del Algarve. Nuevos restaurantes, hoteles, locales gourmet, así como una extensa e interesante actividad cultural y social en la ciudad farense ponen en evidencia su despunte hacia la modernidad. Eso sí, Faro, como otros muchos lugares algarvios y lusos, tiene la gran virtud de no solapar su identidad con la llegada de esos aires innovadores y, sobre todo, de transformar la decadencia en una belleza muy particular, indescriptible al menos para mí.


Uno de los ejemplos que confirman mi impresión lo pone un lugar relativamente nuevo y único por esta parte de la península, la Fábrica dos Sentidos. ¿Quién podía imaginar que detrás de las vías del tren se escondía este nido de creatividad? El lugar es una cajón desastre del arte, la imaginación, la artesanía, el reciclaje. Al entrar aquí van a encontrar ‘de todo un poco’, pero les aseguro que al salir lo harán con la boca abierta.


Así al menos lo hice yo y mis amigos en una tarde divertida de sábado. Habíamos comenzado la visita a Faro, como otras muchas veces, haciendo compras en el Mercado Municipal. No me puedo resistir al pan alentejano, a los dulces, esos guardanapos o bolos de arroz que chupan el café, y tampoco a sus lechugas, frescas y sabrosas, como si las acabaran de extraer de un huerto recién regado.


De allí nos fuimos camino de un nuevo descubrimiento, el restaurante y espacio gourmet Vila Adentro, en el Largo Afonso III, que albera el interesante Museo Municipal de la ciudad. Fue una delicia tomar el aperitivo en la terraza de un local encantador, que ha sido recuperado con el mayor de los gustos. Su comedor es el resultado de la maestría lusa en crear ambientes de contrastes: paredes rústicas recubiertas de preciosos mosaicos de azulejos que recuerdan viejas batallas conviven con mesas y sillas de último diseño. 


Después de un buen vino portugués, llegó otro, pero esta vez junto a la ría y con unos excelentes mejillones en el local de la Asociación de Viveristas y Mariscadores de la Ría Formosa, próximo al lugar preferido de mis hijos en Faro, el Centro de Ciencia Viva. 


La gran sorpresa del día estaba al caer en la sobremesa. Nos pusimos sobre la pista de una local nuevo del que habíamos odio hablar en la redes sociales y que nos costó encontrar por culpa de nuestra incredibilidad. ¡Cómo iba a estar un centro de arte en aquel lugar que marcaba el mapa! De todas maneras, fuimos a comprobarlo. 


Atravesamos las vías del tren pasando por la puerta del Teatro de las Figuras, frente al centro comercial Forum Algarve, para luego girar hacia la izquierda, donde se levantaban algunas viejas naves industriales próximas a la Ría Formosa. Y allí estaba la Fábrica de los Sentidos, tal y como nos indicaba nuestro mapa casero. Me resultaba realmente simbólico que un antiguo almacén de algarrobas, el fruto más representativo del Algarve, se hubiera reformado para exponer precisamente los frutos de arte, la artesanía y la imaginación de los creadores algarvios y también de los extranjeros inquietos que residen por estas tierras.


Todo resultaba realmente curioso y no salíamos de nuestro asombro. Antes nuestros ojos teníamos un gran almacén repleto de cosas y de gentes sorprendentes. Una antigua máquina de discos en la entrada, máquinas de coser de hace más de un siglo, tazas de té victorianas tuneadas con marcianos o un puff realizado con una gran bolsa de vino.


Entre cajas, mesas, alfombras o muebles reinventados los artistas exponen sus obras e incluso las elaboran allí: lindos azulejos, bisutería, ropa, barro, pintura. 



Pero había más, mucho más, La Fábrica de los Sentidos es un centro de reciclaje y se convierte además en un gran mercadillo vintage el último domingo del mes, aunque cualquier día puedes hacerte con algo tan original, como una gran pierna de maniquí que usan los Djs para apoyar sus cascos.



Dentro de aquel universo de cosas prodigiosas sobresalían dos rincones especiales: su chillout, con hamacas y sofás para tumbarse a ver los aviones y el bar, presidido por un antiguo peso lisboeta de una anciana tienda de ultramarinos, donde Mató, el promotor de esta gran idea, nos contó algo sobre su funcionamiento y su amplio programa de actividades culturales.


Una de las grandes virtudes de La Fábrica de los Sentidos es que aquí siempre hay vida, mucha vida. Puedes aprender teatro, circo, percusión, idiomas, bailar la danza del vientre, moldear barro…Los talleres y las actividades cambian cada mes y se pueden consultar en la web www.fabricadossentidos.org. Y, ¡recuerda!, el último domingo de cada mes, mercadillo, Feria Vintage.


El Algarve una vez más nos deparó una sorpresa; un descubrimiento de lugares y gentes interesantes y, como siempre, un día agradable de risas entre amigos que ya queda en el cajón de los buenos recuerdos.

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