Restaurante Cantarinha do Guadiana en Laranjeiras




Mi amiga Eloisa afirma siempre con rotundidad que el día que se pierda la tienen que buscar junto a la orilla portuguesa del Guadiana, allí sentada frente al agua con una buena copa de vino. Y no es para menos, el camino del río Guadiana desde su desembocadura en Vila Real de Santo António hasta Alcoutim es un paraíso de sosiego, salpicado de pequeñas poblaciones, donde al día le sobran horas, donde se respira puro, donde las pequeños detalles cobran importancia y donde se come bien, muy bien. Os invitamos a un sendero entre Guerreiros do Rio y Laranjeiras con un parada en la casa de comidas Cantarinha do Guadiana
Detrás del maravilloso escaparate de sol, playas y preciosas calas con el que normalmente se vende el destino Algarve, hay muchos secretos desconocidos para la gran mayoría. Y cuando hablo de secretos me refiero a rincones de esta región que pasan desapercibidos para el turista y que, sin embargo, tienen una magia especial. Uno de ellos es la orilla del río Guadiana; esa raya de agua navegable en 45 kilómetros que desde tiempos de la Reconquista une y a la vez separa los dos países vecinos. 


Aquí, donde es difícil oir otro sonido que no sea el de la voz de la naturaleza, algunos han encontrado su particular edén, el retiro tan esperado después de muchos años de trabajo en un barco anclando a pequeños embarcaderos. 


En estas tierras nada te molesta o incomoda, a no ser el paso del pastor con sus cabras de aquí o allá o la música de algunos barcos que en verano suelen recorrer el río con fiestas a bordo. Y, aunque nadie te pide explicaciones, los lugareños te acogen como uno más, te brindan un sitio en sus pueblos, se hacen incluso confidentes contándote detalles de sus vidas y de sus tradiciones; historias que siempre están ligadas al río y al contrabando. 


Pasear junto al Guadiana es realmente especial, sobre todo esos días soleados y luminosos, donde los montes, la vegetación, los barcos  y los pueblos se reflejan en el espejo que conforma el agua.


No hay paseo más adorable que el que comienza en Foz de Odeleite y termina en Alcoutim, la carretera 507 paralela al río, donde se hace irremediable un vía crucis en los embarcaderos para disfrutar de una cerveza bien fría.


Y una de nuestras excursiones favoritas por el Guadiana comienza en uno de ellos, el embarcadero de Laranjeiras do Guadiana, una aldea de no más de dos calles, conocida en toda la zona por la buena comida que se sirve en la casa de pastos Cantarinha do Guadiana, que además se hace cargo del bar del embarcadero.   
                        

El pueblo es pequeño, diminuto diría yo, pero salpicado de detalles que le otorgan un especial carácter, verdad y, sobre todo,  belleza a este escenario rural. 



Las chimeneas, las viejas puertas, los arriates con flores, los animales por las calles, los porches cubiertos con parra o la Virgen de Fátima, omnipresente en los pueblos lusos, parecen recortados de una fotografía de otros tiempos.
 

Aunque en nuestro caso casi nunca hay que hacer ganas para comer, antes de sentarnos en la mesa de Cantarinha, siempre es bueno hacer un sendero para abrir el apetito y también para disfrutar de este paisaje privilegiado. Aquel día, había ganas de campo y seguimos las señales que nos marcaban el camino hacia Guerreiros do Río a través de los montes. 
 

Un paseo de poco más de 1,5 kilómetros, que comenzamos pueblo arriba con algunas que otra sorpresas, como el encuentro del pastor con las ovejas, los cerdos, unas preciosas vistas desde los más alto, higuera, naranjos, olivos, huertos y pozos.

 



En poco tiempo ya estamos de nuevo bajando hacia el Guadiana y entrando en Guerreiros do Río e irremediablemente hicimos parada en el Museo del Río


Aparentemente, una pequeña casa más del pueblo, eso sí con una bonita embarcación en la puerta, que da pistas sobre lo que te puedes encontrar dentro. 


El museo trata de explicar en varias salas y con la proyección de varios documentales la vida en el Guadiana en todos los sentidos. Los tipos y útiles de pesca y una interesante reproducción de las diferentes embarcaciones copan el primer espacio, junto con varios paneles y juegos alusivos a una práctica constante en la zona: el contrabando, del que queda como herencia las antiguas torres de vigía, junto a muchas historias, algunas divertidas y otras realmente tristes, sobre un medio de supervivencia para sus habitantes. 



La parte superior del museo se centra en la flora y fauna del río Guadiana y en la sala de proyecciones puedes ver tres documentales muy interesantes sobre las artes de pesca, las Terra do Pulo do Lobo de Mértola y el contrabando. 


La entrada al museo cuesta 2,5 euros, pero es gratuito para menores de 12 años y mayores de 65, y la misma entrada te sirve para conocer otros zonas expositivas de Alcoutim, como el castillo y el museo arqueológico.


Después de una intensa clase en el Museo, de un encuentro didáctico con el río, cambiamos hacia algo más profano, una cerveza en el embarcadero de Guerreiros, antes de volver por el margen de la carretera hasta Laranjeiras a comer. 



Habíamos reservado antes de partir en Cantarinha, una casa de comidas muy frecuentada por todos los que viven en la zona sobre todo los fines de semana. La reserva nos aseguró además una estupenda mesa de madera fuera, disfrutando de la panorámica con un vino joven del terruño en jarra de barro. 


En esta casa de pastos todo está rico, muy rico, pero sería un sacrilegio venir hasta el Guadiana y no probar los platos más típicos de esta zona y entre ellos, sus ricas anguilas fritas. 


Las anguilas y una rica ensalada, de esas en las que la lechuga y los tomates saben como los de antes, nos sirvieron de entretenimiento hasta que llegó el plato del día, una feijoada con carne y chorizo, que nos supo a gloria. Mientras los más pequeños no podían acabar con una inmensa fuente de filetes de cerdo ibérico y patatas recién cortadas y fritas.


Terminamos aquella comida con un buen licor de la zona y con una inolvidable sobremesa en el 'Centro de Convivo' de Laranjeiras, volviendo a casa con el regalo de unas ricas naranjas. Lo mejor de aquella tarde fue la compañía.


5 comentarios:

  1. Oh we've been meaning to try that restaurant for ages, now we must! That looks and sounds absolutely delicious. Thank you for another fabulous post :-)

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  2. No estaría mal actualiar con coordenadas de los sitios que recomendais. Gracias.

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  3. Soy una enamorada del Algarve y de todos sus lugares; al igual que de este blog, que me encanta. Por eso quiero hacer un comentario hoy con respecto a este lugar; porque si bien la inmensa mayoría de sitios que recomendáis son óptimos; acabo de llegar de este... y el servicio es que no hay por donde cogerlo... No me parece normal que en sitio tan minúsculo, se tenga que esperar la friolera de ¡¡¡35 minutos!! para que el señor que atiende las mesas tenga a bien, no ya ponerte las consabidas aceitunas, el pan y las bebidas, sino para dirigir una mirada siquiera a tu mesa. Pasando por nuestro lado como si fuésemos fantasmas, vaya. Y eso que fue él que nos dijo que nos sentáramos (por un momento lo dudé, por si hubiera tenido que reservar primero...). Las anguilas,después de dos horazas de reloj esperando, estaban muy buenas; pero a nosotros no nos ha compensado para nada el trato que nos han dado. Supongo que igual el personal agradable estaría de vacaciones, y el dueño/jefe o lo que fuera no tendría el día fino... no lo sé. Lo cierto es que es la primera vez que nos hemos sentido de incómodos para arriba comiendo en Portugal. No se nos ocurrirá repetir.

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  4. Lo lamento! Es una pena que un mal servicio perjudique un lugar donde siempre se ha comido muy bien! Espero no tengan más decepciones.Gracias por su comentario

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