Restaurante Gilão, la cocina de Cecilia



Conocimos a Cecilia Paixão el día que Filipe Martins, el célebre pastelero de la KubiDoce en Olhão, elaboraba en la ciudad cubista el folar más largo del mundo. Aquella mañana de sábado, elegimos para comer 7imeio Winebar, y aquel día nos enamoramos de la cocina de Cecilia. Platos sugerentes y creativos, elaborados con las excelentes materias de la tierra, pero 'en su punto'  y sin excesos en cuanto a sofisticación. Nuestra cocinera ha cambiado los fogones a Tavira, donde se ha puesto al frente del Restaurante Gilão. Un lugar que está dando mucho que hablar y que incrementa la interesante oferta gastronómica de la ciudad representante de la Dieta Mediterránea en Portugal.


Desde que Tavira fuera designada emblema de la cocina mediterránea, algo está cambiando en la ciudad. El nombramiento ha sido como un revulsivo en su oferta gourmet: nuevas tiendas, 'mercearias', con delicatessen locales y regionales, y también nuevos restaurantes como Gilão, ubicado en el antiguo Mercado de la Ribera, junto al río, que le presta su nombre.

                                           
En esta ciudad empiezan a despuntar una nueva hornada de chefs que aliñan las mejores y más representativas materias primas algarvias con mucha imaginación y con los recursos básicos de la dieta mediterránea. Este es el caso de Cecilia Paixão, una alquimista de la cocina con la habilidad de convertir lo más simple en una exquisitez. Esa fue nuestra primera impresión cuando probamos su comida en su antiguo restaurante en Olhão.


Cecilia, formada en la Escuela de Hostelería de Faro, es tan simpática y agradable como sus creaciones; unos platos con los que ha conformado para el nuevo local de Tavira una carta tremendamente apetecible, desde los snacks o tapas, como el chorizo de la sierra flambeado con aguardiente de madroño (7 euros) o la samosa de caballa en salsa de curry y jenjibre (2,5 euros), hasta los bocadillos 'buenos' de cangrejo y pepinillos con salsa de cerveza o el de buey en chapata con rúcula y bacon tostado. 



Una carta o 'ementa' como la llaman aquí, en la que además se incluyen los platos más representativos de la cocina algarvia con cuatro tipos distintos de cataplanas: de careta de cerdo ibérico y almejas, de pulpo y navaja con patata dulce y morcilla, de marisco y langosta, o de lomo de bacalao y almejas (entre 26 y 45 euros para dos personas).

                      
Gilao tiene además la virtud de no dejar atrás el elemento más preciado de la Ría Formosa: el marisco con diferentes recetas y en un arroz meloso, rico y abundante, que termina de hacerse en una cazuela de barro sobre la mesa.


Para que el comensal encuentre lo que busca por estas tierras, se brinda de todo un poco en este restaurante, donde dentro te espera un salón minimalista, pero elegante y acogedor y fuera una coqueta terraza frente al río, en la que es un lujo almorzar y cenar. 

            
Llegamos predispuestos a Tavira a sorprendernos por la cocina de Cecilia y así fue. Lo cierto es que nos costó decidir entre tanto plato provocador y nos tomamos nuestro tiempo picoteando con las entradas de crema de ricotta con aceitunas y orégano, la mantequilla de albahaca y ajo y el aceite con balsámico y flor de sal. 


Al final la elección de la entrada para compartir fue la de un ceviche de atún y patata dulce en achicoria y cebolla roja, una combinación picante en una bonita copa, que casi nos hace acabar el vino blanco de la casa, (Montaria, 9 euros). Un agradable y suave vino alentejano, que optamos por probar, no obstante la carta presenta una variada lista de vinos, donde sobresalen a muy buen precio los algarvios, y en el que también se incluyen buenas referencias de otras denominaciones como Setubal, Minho, Douro...


Igual de complicado resultó la elección de los platos principales. Descartamos el marisco y optamos mejor por escoger entre los atractivos platos que en la carta se presentan con el título 'De lo mejor'. Para mí un delicioso pulpo cocido en barro con aceite, ajos y patatas a murro (11 euros).
                                    

Para él, un costillas de cordero selladas con salsa de mango y romero; un plato sutil, cremoso, tierno, con unas patatas recién fritas espolvoreadas con pimentón y ensalada de rúcula (15 euros).


Platos contundentes, de los que cuesta terminar, que incluso nos hacían difícil tomar el postre, pero una vez allí, ¿quien se resistía a aquella repostería casera? Nos debatimos entre la crema de leche bela luisa y canela (3 euros) o la algarroba al cuadrado (3,5 euros), pero el gentil camarero nos recomendó el cheescake de frambuesa y lenguas de gato (3 euros). 


Una vez más una versión original de un postre de siempre, pero que nuestra chef consigue hacer diferente y rico con su ingenio. Los postres de Gilão tienen la misma originalidad, estética y rico sabor que el resto de sus platos, por eso siempre hay que guardar ganas para disfrutarlos. Como se anuncia en la carta, el postre acaba resultando un final feliz para un excelente almuerzo o cena. 


Después de conocer la propuesta de Gilão, no hemos tenido más remedio que repetir, y las que nos quedan para seguir disfrutando con la cocina de Cecilia. 

Restaurante Gilão
Rua do Cais, antiguo Mercado de la Ribera en Tavira.
Abre todos los días para almuerzos y cenas, desde las 12.00 horas.

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