Fiestas de agosto en Cacela Velha





El día que muchos pueblos de la península ibérica celebran la festividad de la Ascención lo recordará mi hijo como el del embudo. Aquella tarde de verano, después de una escapada en Vilamoura, pasamos por Cacela Velha para ser testigos de sus fiestas, las de Nossa Senhora da Assunção. Una entrañable velada de verbena, con  muchas sorpresas, sobre todo para el más pequeño que, después de mucho insistir, consiguió en la pintoresca tómbola, una gran embudo de plástico morado como regalo. No crean que fue una decepción, todavía pregunta por su regalo y no se le olvida aquella noche de música, bifanas y fuegos artificiales.

Portugal, como buena parte de España, se tiñe de tradición y fiesta en la mitad del mes de agosto, muchos pueblos celebran la festividad de sus virgenes y patronas y en esta fecha las pasean por sus calles. Este es el caso de localidades algarvias cercanas a la frontera: Castro Marim y Cacela Velha.


Por mucho que se parezcan las tradiciones de los pueblos ibéricos, ninguna es igual y todas tienen algún matiz o tradición que la hace diferente. Eso pensamos nosotros, por eso, el pasado año no quisimos perdernos la procesión de la Virgen de Cacela Velha. Aquí, todo lo que se hace, la verdad es que no sé el motivo, resulta encantador, también sus fiestas patronales.

                  

No calculamos bien la hora, ni tampoco los atascos veraniegos de la N-125, y al final llegamos a Cacela Velha, pasadas las 19.00 horas, cuando la procesión ya había empezado y no sabíamos muy bien por dónde discurría. Nos encontramos la iglesia abierta de par en par, y adornada con coloridas flores de papel iluminadas por el sol.


Así que optamos por esperar la vuelta de la procesión, como hacía la gente que iba llegando junto a la plaza central, y, mientras,  matar el hambre con unas ricas 'bifanas', la comida de las verbenas, los 'arraiais' de Portugal. Un rico filete de cerdo con ese pan, siempre tierno y fría cerveza.


Aquel era un buen 'entretenimiento' para los mayores, pero no para un niño de 9 años, que después de devorar un bocadillo y paquete de patatas, quería otra diversión.  Una diversión que encontró él mismo en la tómbola instalada en un lateral de la plaza y a cargo de una anciana mujer. 


Aunque el premio era seguro, la vista de la encargada no daba con el número del regalo, por lo que después de mucho esperar y buscar, mi hijo acabó con su embudo morado, del que no se desprendió en toda la noche. 

                     

Un regalo, es un regalo y una tómbola está para colaborar y divertirse, y así fue.


Cacela Velha estaba realmente bonita, adornada por todos los rincones por sus habitantes para aquella verbena tan especial para ellos, que dura tres días y que cada noche, después de los actos religiosos, se anima con música y con bailes. En aquella ocasión con el Duo Reflexo, con el que habíamos bailado meses antes en los Santos Populares de Vila Real de Santo António.


Antes de que el sol acabase por desaparecer, en el momento de la tarde que la luz estaba más bonita, la procesión comenzó a entrar en el pueblo y a dirigirse hacia la iglesia.  


Primero entró el sacerdote, escoltado con dos acompañantes vestidos con capas rojas, y seguidos de los niños ataviados con la ropa de la Primera Comunión, que pararon en la puerta de la iglesia.


Tras ellos, hombres y mujeres con capas azules, portaban a pequeños santos que precedían a la imagen de Nossa Senhora da Assunção, acompañada de una banda de música que marcaba el paso.

                      

                   

                   

Todas las imágenes fueron llegando delante de la iglesia y, una vez, lo hizo la virgen y patrona, todas en filas fueron colocadas mirando hacia la ría, en el momento en el que todos sus devotos rezaban al unísono varias oraciones. 


Aquel ritual frente en el crepúsculo rosado con las aguas azules de la Ría Formosa y el susurro de los rezos y plegarias resultaba realmente emocionante.


Una emoción que se transformó en asombro cuando los santos volvieron la mirada hacia el pueblo y en ese instante se encendió allí mismo una cortina de fuegos artificiales. 


¿Y a quien no hace feliz unos fuegos artificiales? Y más aquellos, que no estaban en el cielo, sino a nuestro lado. Mi hijo tenía ya dos sorpresas aquel día: su regalo de la tómbola y aquellos fuegos. 


Las fiestas patronales de Nossa Senhroa da Assunção se celebran del 13 al 15 de agosto en Cacela Velha, consulta la programación en nuestra agenda.

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