La playa do Gancho en Castro Marim









Una de las cosas que me gusta del Algarve es que por mucho que lo conozcas, que lo visites, nunca quedas inmune a las sorpresas. De alguna o de otra manera, esta región se va reinventando para asombrarte. La última vez ha sido con una playa; un lugar de la costa de Castro Marim que siempre estuvo ahí, pero que este verano se presenta con otro aire, lleno de encanto. Es la playa do Gancho y el chiringuito Ricucu; un rincón de esos que te enamoran en verano.




Uno de los días de agosto, en una de las visitas a la playa de O Cabeço, nos encontramos, camino del mar por la urbanización Retur, con un cartel anunciado la apertura de Ricucu; un viejo chiringuito de playa que, hace ya varios años, solía abrir en una colina, junto a una gran zona de pinares, conocida como el pinar de Gancho, camino de Praia Verde.




Nos pudo, como siempre, la curiosidad por lo nuevo y de Cabeço nos fuimos hacia Gancho; aquel día cambiamos Sem Espinhas por Ricucu, un bar de madera y cañizo, escondido entre las dunas, con los pinares a la espalda y el mar azul enfrente.




El chiringuito recuerda a la casa del mismo Tarzán, sobre todo esa ducha a la entrada, suspendida con una caña en el mismo pino, y el uso pintoresco de los materiales reciclados, tanto en la construcción como en la decoración.




Me encanta el entorno tan limpio, tan cuidado, donde no faltan detalles ni en el mismo acceso a la playa desde su propio parking.




Ricucu se plantea como un refugio para descansar frente al mar, tumbado en algunas de las hamacas de su propia explanada, entre arbustos y pinos. Un rincón en el que sobresale el buen gusto y el encanto hasta en su selección musical. La banda sonora de aquella calurosa mañana la ponían viejos temas de Nina Simone.




Sobre varias bancadas de madera, un palco privilegiado frente al océano, se sirven durante todo el día ensaladas de varios tipos a 6 euros, gazpacho a 2 euros, tapas y tostas, esos ricos y grandes bocadillos calientes con pan portugués a 5 euros de pollo y atún. La mejor elección cuando quieres una comida informal, pero rica y contundente en Portugal.




Pero para elegir tienes un gran surtido de petiscos y platos ligeros a buen precio, que se anuncian en una gran pizarra, acompañados de sangría (jarra 12 euros), copas de vino (1,75), cerveza (1,5) o capirinhas, mojitos y gin (6 euros).




La verdad es que es un gusto bañarte en esa preciosa playa y subir después, cuando aprieta la sed, a disfrutar de una Sagres bien fría desde esta terraza.



Un aperitivo con esos ricos 'salgados' o 'salgadinhos', los pasteles salados de bacalao, gallina, gambas...que tan buen maridaje hacen con una cerveza fría.



Con aquella música, con aquellas vistas, con el placer que da un apetecible 'picoteo' en un día de playa, se hacía difícil abandonar el chiringuito para volver al mar.




Claro que tampoco había que hacerlo, después de una rica sangría estaban esas hamacas y cojines sobre la arena para echar una rica siesta, antes del café, el baño y la obligada bolinha o el pastel de nata, según el gusto. 





Un día auténtico de verano, de vacaciones, de relax, de encanto, escondidos entre aquel pinar y el mar.



Y alejados del bullicioso irremediable de un día de agosto junto a la orilla del Atlántico.

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