Restaurante Miminhos Caseiros





Todo lo que se haga con mimo, con cariño, tiene que resultar bueno. Y la regla se confirma en el nuevo restaurante de Faro ‘Miminhos Caseiros’, que resume en su nombre la filosofía de su propia cocina: todos sus platos son caseros y, sobre todo, en la elaboración está presente el cariño de su simpática cocinera. Una amiga de las redes sociales nos puso sobre la pista de este restaurante, recatado en su aspecto, altivo en su cocina y comedido en sus precios. Miminhos más que una casa casa de comidas, sería el mejor exponente de la rica comida de casa, donde es irremediable terminar algunos platos‘chupándose los dedos’.

En Faro tenemos muchos retos, retos porque cada día abren sus puertas locales nuevos y nos entra prisa por conocerlos todos. Tenemos una larga lista pendiente en la capital algarvia y, coincidiendo con la visita al I Festival de Petiscos Mediterrânicos, nos propusimos acortarla visitando algunos.


En la lista estaba desde mayo la cervecería Boheme, un pequeño y coqueto local frente a la marina de Faro y el imponente obelisco con más de 30 cervezas artesanales.


Irremediablemente hicimos una primera y refrescante parada en su terraza para afrontar una dura mañana de calor de septiembre, donde los nuevos toldos instalados en la ciudad contribuían bastante a refrescar el paseo.


Boheme no sólo tiene una carta interesante de las nuevas cervezas artesanales que están surgiendo en Portugal, sino que además las puedes acompañar con algunos ‘petiscos’ y ensaladas.


La cerveza siempre despierta el hambre, así que nada más terminarla estábamos camino de la calle Travessa Castilho, un estrecha y tranquila callejuela al este de la Rua Santo António, en pleno centro comercial de la ciudad.

                          

En el bajo de una casa, un cartel con el famoso gallo de Portugal identifica el restaurante, que se anuncia como lugar de tapas. Un establecimiento sencillo, más bien pequeño, pero con un ambiente muy agradable, en el que sus propietarios nos hicieron un hueco rápidamente, para que los ocho comensales de aquella excursión nos sentáramos a comer. 

                         



La amabilidad del servicio y los primeros detalles, un cestito de alambre y crochet para el pan sobre la mesa, como los que hacía mi abuela, ya nos entusiasmó y elevó la expectativas de aquella comida entre amigos.

                           

La carta es realmente peculiar, distinta al resto. La abre una apetecible lista de tapas con precios de entre 3,50 a 5 euros e incluye además sopa, ensaladas de pulpo y salmón, platos de embutidos y quesos y un menú diario de 7,5  euros con sopa, plato del día, bebida y café. Eso sí, por encargo con dos días de antelación y para grupos, te ofrecen otras propuestas realmente contundente, como galinda de cabidela, arroz de pato, galo com grão, feijoada de mar, açordas...



Acordamos hacer nuestro propio menú degustación para valorar la comida y, mientras disfrutábamos de una rica sangría de espumante rosado con frutos rojos (7 euros la jarra), fuimos seleccionando las tapas para probar. 



Unas tapas que resultaron ser grandes raciones, lo suficiente para el primer o segundo plato de una persona, como comprobamos con el primero en llegar a la mesa: 'carapaus alimados', jureles aliñdos con patatas hervidas y regadas con aceite de oliva, ajo y culantro (4,5 euros).



Le tocó el turno después a unos jugosos champiñones guisados con romero, que nos supieron a gloria, a cocina como las de antes (3,5 euros).



Lo más aplaudido entre los comensales fueron los choquinhos (almendritas o pequeño chocos) guisados al modo algarvios y acompañados de las batatas hervidas de Aljezur, que ponían un toque dulzón realmente rico al final (4,5 euros).


Y los niños optaron por la carne, un plato del día de carne al horno, con una sabrosa salsa, de esas que te incitan a mojar pan hasta acabarla (5,5 euros) y un bife a miminhos (3,5 euros), ambos jugosos y tiernos.



Hay un premisa siempre cuando salimos fuera a comer: lo que no conocemos en la carta, lo pedimos para que no vuelva a ocurrir. En aquella ocasión nos atrajó el nombre de 'Pipis', que resultaron ser mollejas de gallina en salsa de tomate casero (3,5 euros). Los amantes de la casquería no pueden pasar po alto los guisos de moelas en el Algarve.


Terminamos nuestra personal degustación con otro ‘petisco do día’ incluido en el menú y que salía continuamente de la cocina hacia las mesas vecinas: un espectacular bacalao con natas, espinacas y gambas, acompañado de una botella de un vino de la casa (5 euros), porque la sangría ya se había acabado.



La elección del postre tuvo sus más y sus menos por la variedad: helados caseros de frutos silvestres, de caramelo y de mango o varias tartas realizadas por su cocinera.

                       
    
Para contentar a todos, probamos dos ricos y cremosos helados y una porción de tarta de galletas. 
                        

Pero el colofón lo acabó poniendo, como en otras ocasiones, un rico variado de quesos con dos tipos distintos de membrillo y una copa de Oporto.


Un estupendo convite, donde aquellos ‘mimos’ acabaron enamorándonos de su cocina.



Y después de aquel banquete, con aquella calor de septiembre, el día continuó con una cálida siesta sobre la arena de la playa de Faro.


1 comentario:

  1. Me alegro de que hayáis probado la comida tan estupenda del restaurante!! Yo pienso repetir!

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