La Vila Adentro de Faro




Las ciudades no se entienden sin su pasado; conocer su historia, antes que a ellas, nos hace  verlas de una manera diferente, con otros ojos. Es una manera de multiplicar las sensaciones cuando visitas un lugar, porque no sólo te quedas con lo que ves, sino que vas más allá del momento, y en el rincón de una calle, en un monumento,  o en un detalle se dispara de manera automática un flashback. Hay ciudades que se prestan a este juego de sombras entre el presente y el pasado y una de estas ciudades es Faro y su Vila Adentro.

Diez cosas molonas esta Semana Santa en el Algarve



Llegan las vacaciones de Semana Santa y nos entra ese ansia por exprimir ese corto periodo de respiro en la rutina, por aprovechar al máximo el tiempo de diversión, por vivir experiencias nuevas que nos hagan volver a la cotidianidad con otro talante. Si has elegido el Algarve para estos días de Pascua, tienes muchas probabilidades de que se cumplan tus deseos; te esperan unos días con muchas sensaciones. Nosotros te damos diez sugerencias para estas vacaciones, con la advertencia que quien las prueba, repite.

Feira de Doces d' Avó en Alcoutim






¿Quién no echa de menos aquellas meriendas de la infancia? Esos pasteles recién horneados con leche caliente o los postres caseros con los que las abuelas ponían el punto y final de una comida familiar. Recetas que se pasaban de madres a hijas y se repetían de generación en generación, pero que la comodidad nos ha hecho olvidar. Esta Semana Santa, Alcoutim te brinda la oportunidad de volver a sentir aquella 'dulce' sensación con la Feria de los Dulces de la Abuela. Eso sí, te advierto que la cita es adictiva.

Día de mercado en Castro Marim



Castro Marim recuerda la importancia de su pasado medieval, no sólo con su fastuoso Castillo, el que fue sede de la Orden de Cristo, sino también por mantener los segundos sábados de cada mes la tradición del mercado. Es uno de los días más importantes que vive la ciudad y que sorprende en muchas ocasiones a quienes toman la primera salida de la autopista del Algarve, esa que junto con la Monte Gordo, no tiene peaje. El día de mercado es una auténtica fiesta.


Antes de llegar a la rotonda presidida por el original monumento de un caballero medieval, los conductores se ven sorprendidos por el aparcamiento de numerosos coches en los arcenes y por furgonetas paradas junto a la carretera, convertidas en puesto de grandes sacos de patatas o lustrosa fruta. 



El mercado de Castro Marim es casi como un foro internacional, de esos que tanto se estilan ahora, pero en pequeñas dimensiones. Un punto de encuentro de portugueses con sus vecinos españoles más cercanos, a los que se suman una gran colonia de holandeses que acuden en bicicleta, franceses cada días más asiduos en el Algarve o británicos, omnipresentes en todos los rincones de la región.


Las calles del mercado conforman una especie de ‘torre de babel’ en la que puedes escuchar los nombres de plantas, frutas o verduras en distintos idiomas. 



Para mi amigo Esteban aquí se concentra la mejor oferta de plantas y semillas de, al menos, todo el sotavento algarvio.




Ese sábado para él la visita es ineludible buscando también a la señora que le trae esos huevos de campos, los de la yema amarilla a reventar; a ese hortelano que le vende la semillas de los tomates rosados; al vendedor de esas sabrosas naranjas de Silves y al de ese gran surtido de quesos para acompañar un gran pan casero.




Siempre son pocas las bolsas para cargar aceitunas, bacalao, legumbres, mermeladas caseras, la miel, el culantro o la flor do sal, el producto por excelencia de Castro Marim, fruto de sus salinas.





Claro que si te quedas sin bolsas, para eso están esos bonitos cestos artesanales de Furnazinhas y Odeleite.


En cualquier mercadillo del Algarve que se precie, entre los puestos de fruta, embutidos o o queso, no pueden faltar los de esos grandes churros rellenos (farturas), que hacen las delicias de los más pequeños.



El mercado continúa con largos pasadizos de toldos bajos los que encuentras 'gangas' de tejidos, sábanas, paños, calzado, ropa..., de todo un poco y con un acento muy portugués.



Si te dejas guiar por el olor acabas llegando a la explanada junto a la Casa do Sal, el principal espacio expositivo del pueblo. 


Allí la zona está reservada para los asadores de pollo y entorno a ellos se disponen varias mesas y bancadas para disfrutar de los más jugosos grelhados acompañados por vinos a granel de Pias


Para mi prima Belén y Miguel, que han encontrado en Ayamonte su segunda casa, estos pollos deberían estar incluidos en las guías gastronómicas de Portugal.


Dentro del street food, tan de moda en el mundo entero, los asadores de pollo con piri piri de los mercados algarvios deberían ser sin ninguna duda una referencia.


La comida con frecuencia acaba siendo animada por el compás del acordeón de los Mato Bravo, una de las formaciones emblemáticas de Castro Marim, un municipio donde el instrumento que más identifica a Portugal tiene un papel relevante en su oferta cultural.


El segundo sábado de mes es para Castro Marim un día de alegría, de animación, de gentío, de música, de muchas sensaciones. Una estampa además preciosa y distinta de esta villa medieval.





A los pies del castillo se vende cualquier cosa, ¿y por qué no?



La Gran Ruta del Guadiana



Visit Algarve celebró sus 45 años de trabajo en la promoción de esta región con la imagen de una mujer sonriente columpiándose sobre el Río Guadiana, el ‘río de los patos’; esa franja de agua navegable, frontera y enlace a la vez durante siglos de Portugal y España por el oeste. La fotografía es maravillosa y, créanme, que el paisaje es tan mágico y especial como se recoge en la imagen. Un paisaje del que puedes disfrutar con una de las más bellas e interesantes rutas de senderismo y ciclismo: la Gran Ruta del Guadiana.


Para mí la franja fronteriza del Guadiana, desde Mértola hasta Vila Real de Santo António, es un gran paraíso desconocido, uno de esos secretos del sur donde prevalece la hermosura de la naturaleza, los oficios artesanales, la cocina a fuego lento, la autenticidad de sus gentes, fieles a sus costumbres y artes, y la luz, una luz única, esa que, como dice el posters de Visit Algarve, ‘basta para ser feliz’.


Para conocer este territorio, para saborearlo, para exprimir todos sus atractivos, la institución Odiana diseñó una ruta de senderismo: a  GRANDE ROTA DO GUADIANA (GR 15), de algo más de 65 kilómetros de extensión.


Un largo sendero señalizado por sus pueblos y por sus campos que comienza muy cerca de la desembocadura del río en Vila Real de Santo António y llega hasta Alcoutim. El camino enlaza una red de senderos más cortos que ya existían, convirtiendo este territorio en uno de los más atractivos para las caminatas.


La verdad es que al completo, desde el principio hasta el final, no hemos llegado a hacer la Gran Ruta del Guadiana, pero si hemos recorrido muchos de los senderos desde la desembocadura del Guadiana hasta la sierra algarvía, pasando por ese tramo intermedio y hermoso de su geografía que ellos llaman el barrocal. 


Al principio la ruta conecta con otro de esos itinerarios indispensable para los amantes de 
los senderos y las bicicletas: la Ecovia del Algarve, un corredor de este a oeste con una extensión de 214 kilómetros, que empieza en el Guadiana y termina ‘al final del mundo’, en Sagres


Durante el camino vas atravesando ambientes muy diferentes,  descubriendo en cada paso la historia del territorio, topándote con algunos de los emblemas de su patrimonio, como los castillos o las torres vigías del río, tropezándote con viejos molinos de viento o con ruinas romanas. 


Durante el trayecto encuentras e los pastores llevando a comer a sus cabras, a los salineros extrayendo la flor de sal, a las mujeres amasando el pan o el cuajo del queso, a los pescadores con cubos cargados de lamprea o anguilas, a los artesanos tejiendo con cañas los cestos o a los abuelos descansando al sol con curiosas historias del contrabando.


Durante el sendero disfrutas del descanso reparador de la caminata con un vino o cerveza en los embarcaderos junto al río.


En fin, que la senda merece la pena sin ninguna duda; es uno de esos itinerarios que penetra en el Algarve más auténtico, repleto de imágenes rurales y naturales exultantes y difíciles ya de encontrar.


La Gran Ruta del Guadiana atraviesa los municipios de Vila Real de Santo António, paradigma del iluminismo portugués; Castro Marim, antigua villa medieval, y Alcoutim enclave defensivo y señorial. Sin perder de vista el Guadiana, el itinerario transcurre por 16 aldeas y pueblos, con las estampas más típicas que puedas encontrar en el sur de Portugal. 


La ruta empieza en el edificio de la antigua aduana de Vila Real de Santo António, desde aquí,  abandonando la ciudad junto a la estación de ferrocarril te topas con el monumento a Santo António y te adentras en la Reserva Natural de Sapal destino a la villa medieval de Castro Marim.


Antes de entrar en la villa, puedes disfrutar del trabajo de las salinas, de las que se extrae el producto por excelencia de la tierra, la flor de sal, en las que incluso hay un spa natural desde el pasado verano, Água-mãe. La sal es el santo y seña de la localidad.


Entrando en Castro Marim divisas al frente el mirador más espectacular de la frontera, la Colina de Revelim con la ermita de Santo António, donde se celebra a principios del verano la Feria del Caracol.


La estampa más bonita de la localidad es la de su iglesia con el castillo del siglo XIII al fondo, sede de la Orden de Cristo y donde se concentra a finales de agosto la Feria Medieval, uno de los grandes eventos del verano algarvio.


De Castro Marim vas hacia Monte Francisco, la patria chica de la madre de Paco de Lucia y te diriges, bordeando uno de los nuevos campos de golf, hacia Junqueira, una pequeña aldea que acoge el alojamiento rural Casa do Palheiro Velho


Desde aquí llegas a Azinhal, el pueblo que huele a dulces, los más ricos de todo el Algarve en A Prova.


Aunque tampoco debes dejar de visitar su quesería artesanal y mucho menos quedarte sin probar sus quesos.


Abandonamos esta pintoresca localidad acercándonos de nuevo hacia el río, dirección hacia Almada de Ouro y Alcaria, en el que una parada para comer en Casa Alberto es una acertada idea, aunque en estos campos siempre hay una excelente mesa.


Desde allí, atravesamos los huertos y campos de naranjos para entrar en Odeleite, una pequeña aldea llena de secretos y sorpresas y quizá con la mayor y más interesante oferta gastronómica de toda la zona. Para los españoles su nombre es sinónimo de comer bien, mucho y a muy buen precio.


Volvemos la mirada hacia el río y nos acercamos a Foz de Odeleite, con parada obligatoria para comprar un rico queso; las aldeas de Corte das Donas y Álamo; y Guerreiros do Río con su museo y su animado embarcadero.


Con el Guadiana a un lado y un paisaje espectacular a otro caminamos hacia el encantador pueblo de Laranjeiras, un enclave único en todos los sentidos.


Pocos kilómetros después el sendero nos depara una sorpresa histórica: las ruinas romanas de Laranjeira, que dan cuenta de la antigüedad de la presencia del hombre en estas tierras. Tras atravesar Marmeleiro llegamos al final de nuestra ruta en Alcoutim.


Alcoutim es un pequeño pueblo blanco, bañado por el río Guadiana, a un salto de Sanlúcar de Guadiana, que te ofrece experiencias únicas: una bonita playa fluvial, castillo, ruinas romanas, viejos molinos, oficios artesanos, preciosos senderos, paseos en barco y rica gastronomía. 


Si buscas un camino hacia los orígenes, hacia el encuentro con la naturaleza, hacia la esencia y la autenticidad, ese camino es en el Algarve: la Gran Ruta del Guadiana


Pincha aquí para acceder al folleto de la ruta

 
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