Mercadillo de antigüedades en Castro Marim




Desde hace pocos meses la localidad de Castro Marim se ha sumado a la larga lista de pueblos y ciudades del Algarve que celebran una o varias veces al mes un mercado con antigüedades y artículos de segunda mano. Ahora, el tercer sábado de cada mes, el parque situado junto a la carretera que bordea las salinas hacia Vila Real de Santo António acoge este particular mercadillo de trastos o tesoros, como ustedes prefieran llamar a estas mercancías.


El pasado mes de octubre estrenamos la Feira das Velharias de Castro Marim en una preciosa mañana de sábado que nos brindó además la oportunidad de disfrutar del paseo sosegado por las calles de unos de los pueblos más encantadores del sotavento, en los que el sol hacia brillar particularmente sus casas encaladas, el fuerte, el castillo y su majestuosa iglesia. 


Castro Marim se ha propuesto engalanarse aún más con la plantación de buganvillas que empiezan a crecer por sus pintorescas calles de casas blancas, frisos coloridos y bonitos azulejos; herencia, como otras muchas cosas, del paso de los árabes por estas tierras del sur. 


En el jardín situado debajo del castillo y de la colina de Revelim de Santo António, una antigua fortificación que vigilaba el Guadiana y donde hoy se celebran los acontecimientos culturales y festivos más importantes de la ciudad, se celebra el tercer sábado de cada mes la Feiras das Velharias, entre las 9 y las 16.00 horas. 


El mercadillo, todavía en proceso de consolidación en la extensa oferta algarvia de este tipo de mercados, reúne más de una veintena de puestos de artículos que, poco o nada, tienen en común entre ellos. 


Un coche de carreras convive aquí con una antigua ensaladera, ancianos candelabros, pesadas planchas o bonitos braseros de bronce, que esperan sorprendentes utilidades en su nuevo futuro. 


Las furgonetas de los vendedores se abren para descargar mercancías muy dispares. A veces tengo la impresión que muchos de ellos acaban de desmontar la casa de la abuela o de limpiar el cuarto trastero para traer hasta aquí lo que otros muchos acabaríamos dejando en la basura. 


La calzada portuguesa se cubre con mantas, paños y manteles sobre los que se exponen no sólo objetos de segunda mano, sino también bisutería, ropa o una muestra de la artesanía portuguesa. 


Quien no frecuente este tipo de mercadillos no es capaz de imaginar las gangas o los hallazgos que puede alcanzar en este rastro, pero, eso sí, el descubrimiento siempre requiere de paciencia, de rebuscar y, por último, de regatear el precio con el vendedor, regla inquebrantable de mi padre. 


Si nos faltaban un pretexto para visitar Castro Marim el tercer sábado de mes, ya tenemos uno, su Feira das Velharias.  Aunque, la verdad es que Castro Marim para nosotros no requiere motivos, siempre es buen momento para un precioso paseo y una cerveza bien fría disfrutando del ambiente auténtico de sus bares. 

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