Santa Luzia, una Vila de Natal




Una de las aldeas más pintorescas del Algarve es Santa Luzia, un enclave pesquero, centrado sobre todo en la extracción del pulpo y, años atrás en la pesca del atún, que alberga además alguna de las playas más espectaculares de todo el sur de Portugal: Terra Estreita, Barril y la del Hombre Desnudo. Una población marinera que se convierte estos días en una Vila de Natal, una feria muy particular para festejar las Navidades. 



Santa Luzia, aunque se abre al turismo, sigue siendo de aspecto y tradición marinera, tanto que presume de la denominación de ‘capital do polvo' o lo que es lo mismo ' capital del pulpo’, cuya captura se produce con una de las técnicas más originales, a través del alcatruz, un recipiente de barro donde el pulpo, ingenuo, va buscando el refugio de devoradores marinos, olvidándose de los terrestres.



La fotografía que mejor retrata Santa Luzia es la de los barcos de pesca junto a la ría, rodeados de redes y cántaros, con los pescadores trajinando en los almacenes de madera, con los cubos de pescado entrando y saliendo en las cocinas de sus famosos restaurantes. 


Fueron los mismos pescadores los que en el siglo XVI se establecieron en esta orilla de la Ría Formosa y aquí levantaron una capilla dedica a Santa Luzia, la que acabó dando nombre a tan bonito lugar.



En esta aldea tan típica y tranquila, la más pequeña de Tavira, se celebra la Navidad de una manera muy particular y entrañable, convirtiendo la plaza central del pueblo en la Villa de Navidad, donde la artesanía, el reciclaje y la simpatía son los elementos predominantes. 


Nosotros conocimos el pasado año la Vila de Natal, después de almorzar no muy lejos en uno de esos restaurantes de carretera frecuentados por el turismo extranjero asentado en estas tierras: Luis do Prego, en la carretera de Tavira hacia Santa Catarina.



Un escondite gastronómico con una coqueta terraza a pie de carretera, donde se come barato, casero y abundante.


El menú de Luis do Prego es un lista interminable de guisos de la tierra, carnes de campo y de caza guisadas, cocidos, sopas y algún que otro pescado de la costa o los pulpos del vecino lugar de Santa Luzia. 



Aquel domingo, sin pretenderlo, vivimos un auténtico banquete en aquella terraza decorada con girasoles. Y digo sin pretenderlo porque con uno de los platos elegido por cualquiera de los cuatro hubiéramos acabado almorzando todos. 



Con ese delicioso cocido con chorizo, morcilla y carne de cerdo o con esa carne guisada con coquinas.


O con el rico ensopado de jabalí con su verdura y arroz. 


Después de la copiosa comida dejamos el postre para más tarde, para tomarlo en Santa Luzia, donde íbamos a conocer aquella tarde la Vila de Natal. Así, que mientras finalizaba la tradicional carrera de San Silvestre en la avenida junto al puerto, nosotros saboreamos un rico café y té con dulces en Saboreia Chá e Café,  uno los establecimientos más coquetos y agradables de la aldea. 


La cafetería no sólo tiene el mejor 'bolo de chocolate' del mundo, sino que además dentro puedes encontrar una extensa gama de tés para tomar o llevar,  regalos gourmet, zumos naturales, helados y dulces portugueses. 


Después de la florentina y del dulce de chocolate, acompañados de un té que nos costó elegir entre tanta variedad, emprendimos rumbo hacia la Vila de Natal, no muy lejos de allí, en el centro de la población, junto a la iglesia.



Llegamos a aquella feria de Navidad cuando Papá Noel era transportado por uno de sus pajes en tuk tuk y los más pequeños acudían nerviosos a recibirlos. Minutos después ,comenzó a caer nieve, una nieve muy sui generis. 




La Vila de Natal de Santa Luzia es como la feria de cualquiera de nuestros pueblos con actividades y atracciones para los niños, puestos de churro y de comida, música y un zoco.






Pero, hay dos matices que la hacen especial para mi. Uno de ellos, la participación de todo el pueblo en el evento y de los artesanos locales que se aúnan en la Asociación Cultural Almadrava, lo que te permite comprar artículos de regalos únicos y especiales, de esos que no se hacen en serie. 



En torno al Café da Vila y al restaurante Abade, los artesanos se reúnen para mostrar sus paños, bolsos, confituras, cestas, pañitos, mantas...



La otra característica que hace distinta la Vila de Natal es el uso del reciclaje en la decoración de todo el recinto, para concienciar a la población y a los visitantes que en los deseos del nuevo año también tienen que incluir el esfuerzo por respetar el planeta. 


Terminamos aquel día entrañable en otro de los lugares especiales de Santa Luzia, la Tasquinha do Bruno, donde siempre hay un rico petisco o un buen vino para escoger y brindar por las fiestas. 



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