El restaurante de António, rica comida frente al Guadiana




Una de las cosas que más me gusta de tener este blog es que gracias a las contribuciones de los seguidores cada día estoy probando o visitando un sito nuevo; son retos continuos para descubrir el Algarve. Un día es Carmen Pulgarín que me pone sobre la pista de un restaurante en Loulé, otro día es un mensaje de Eva Gómez que me habla de un lugar desconocido en Lagos; un wasa de mi amigo Esteban con la nueva tienda de la sardina en Vilamoura;  y, la última la propuesta llegó de José Casado, que me pidió incrementar la experiencias del verano en Vila Real de Santo António con una visita obligada al Bar de António, o lo que es lo mismo al restaurante 'A Riberinha' en la desembocadura del Guadiana. Y allí que fuimos


En los extensos estudios del marketing digital debería de aparecer un capítulo dedicado a los efectos colaterales que las redes sociales de un restaurante pueden llegar a tener en el vecino. Y en este capítulo bien podría aparecer como ejemplo el caso del restaurante A Ribeirinha, un local situado junto al famoso restaurante Dom Petisco, en la desembocadura del Guadiana, que a lo largo de muchos años ha conformado una fiel clientela con los comensales que no podía llegar a atender su famoso vecino. 



Los que no encontramos mesa alguna vez en el primero y fuimos a buscar auxilio alimentario en el segundo nos topamos para nuestra sorpresa con un lugar particular y especial en todos los sentidos; una escena de un verano que bien podría estar sacada del ‘Cuéntame’ portugués, y que confirma que el Algarve conserva rincones únicos y muy particulares en la península.



Sin lugar a dudas, la desembocadura del Guadiana en la orilla de Vila Real de Santo António, con esas minúsculas playas junto al espigón, una gran mata de pinares a la espalda, y los barcos entrando y saliendo hacia el océano es un enclave maravilloso, donde sólo por las vistas, el sosiego y la vitalidad que transmite el paisaje, merece la pena sentarse a comer.  


Hacia el encuentro del río con el mar mira el restaurante A Ribeirinha, o el bar de António como lo conocemos los españoles, un local que podría calificarse de vintage en todos los sentidos. Desde que se levantara esta construcción y su terraza hace décadas, poco o más bien nada ha cambiado y quizá sea este aspecto tan particular lo que lleve a muchos esnobs y cazadores de tendencias a obviar este particular restaurante.



Como ya me avisaba José Casado, el restaurante es imposible de encontrar en una guía, no hay ninguna referencia en internet y ni siquiera sus clientes conocen su nombre. Ese anonimato es lo que imprime un plus de atracción a este sitio. ¿Qué hace especial a A Ribeirinha? Las sensaciones. Aquí hay que venir a vivir algo distinto, porque todo es singular.




A Riberinha está a cargo de Antonio y su mujer, el de 75 años y ella de 70. Sólo ellos se hacen cargo de la comida y del servicio, y en ambas cosas cosechan excelentes resultados. Antonio tiene tras de sí la experiencia trabajando mucho años en uno de los primeros hoteles de Monte Gordo, y a la vez que sirve las mesas, te cuenta los avatares de su vida, se hace cargo también de la barbacoa y de preparar el postre casero de almendras, como manda la tradición en estas tierras.





En un antigua cocina con dos fogones de gas, que atraviesas cada vez que tienes la necesidad de ir al servicio, nuestra chef prepara ricos arroces de marisco y rape (30-25 euros dos personas) o un bacalao á brás (7,5 euros), de los mejores, acompañado en el plato de tomates de un rojo intenso, recién cortados.




Como sólo hay dos infernillos en la cocina, conseguir comer un arroz delicioso, como así lo hicieron los vecinos de nuestras mesas entre exclamaciones de gusto, es cuestión de llegar muy temprano o de avisar antes de venir. 


Si no quieres arroz, te tienes que decidir por los pescados del día a la brasa, sardinas, chocos, dorada, salmón, lubina… También hay carnes, entre ellas el pollo, por supuesto; aderezado con un rico piri piri; y como entradas almejas, langostinos cocidos (12,5 euros) o ensaladas de atún y huevas.


Antonio le pone el punto perfecto a los asados en aquella parrilla frente a la puerta de la cocina. Si el pollo estaba crujiente por fuera y tierno por dentro, la corvina, aderezada con culantro y ajo, se deshacía en la boca. 



Se come bien, como cuando llegas a casa de los abuelos y te preparan que más te gusta. Y se disfruta sobre todo de la placidez que da contemplar el río con un vino desde este mirador privilegiado, al que Antonio no está dispuesto a cambiar por ninguna jubilación.




DATOS DE INTERÉS:

-El restaurante abre sólo para almuerzos. La paciencia y la tranquilidad, como dice el propio António, forma parte de su identidad. Si quieres no esperar mucho, sobre todo para probar su famoso arroz, puedes encargarlo antes. El precio medio es de unos 18 euros por persona. Sólo se puede pagar en metálico.


5 comentarios:

  1. Magnífico lugar, lo conocemos hace años y formamos parte de esa clientela fiel durante todo el año. Y magnífico post lleno de cariño. Saludos.

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  2. Me encanta tu blog! Intentaremos ir antes de acabar las vacaciones, muchas gracias por compartir tanta y tan buena información!

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  3. Ayer estuve almorzando allí justo por las razones que habéis contado: en O Petisco no dejaban reservar (por cierto, fueron bastante bordes) y me acordé de esta entrada, así que fuimos al bar de Antonio. Sardinas que casi se movían en el plato, vinho verde bien frío, y Antonio, con todas las mesas llenas, atendiendo él solo estupendamente y con una sonrisa. Para repetir, ¡gracias por la entrada!

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    1. Me alegro Susana! Gracias por el comentario y un saludo

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    2. Gracias a ti por la entrada y por el blog, lo consulto y recomiendo mucho, es estupendo para los que vamos mucho por El Algarve :*

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Gracias por tu comentario! Obrigado!