La playa de Vale do Lobo




El que busque lujos en el Algarve, pero lujo con buen gusto, sin estridencias, con discreción, entonces tiene que visitar Vale de Lobo. Una zona de pinares en la que los ingleses desembarcaron hace más de cincuenta años, convirtiéndola en uno de los resorts de vacaciones más exclusivos del continente, al borde de una playa espectacular de alfombra dorada y paredes rojizas.


La franja costera perteneciente a la localidad de Almancil, entre Quarteira y Faro, se la conoce como el triángulo de oro. Un área conformada por tres vértices, Quinta do Lago, Vale do Garrao y Vale do Lobo, que encubre a la jet set internacional en el sur del continente.  No es extraño que algunas de las fotos de las portadas veraniegas de las revistas del corazón lusa estén tomadas aquí.


Vale do Lobo fue el impulso del turismo de alto standing en el Algarve, fruto del descubrimiento de este paraje de 400 hectáreas por los ingleses, que apostaron por este paraíso como un nuevo centro de vacaciones. Empezaron entonces a construirse las grandes mansiones bajo los pinos, el campo de golf en un acantilado sobre el mar y el hotel de cinco estrellas Dona Filipa. La elección del nombre para este primer hotel de lujo algarvio es realmente significativa, si tenemos en cuenta que Dona Filipa de Lencastre  fue la esposa del rey João I de Portugal y con su boda se selló la alianza luso-inglesa en el siglo XIV.


La finalización del complejo, aunque a día de hoy sigue creciendo y renovándose, fue fruto de un joyero holandés que se enamoró de su paisaje y temperatura,  Sander Van Gelder. El holandés recibió un diamante en bruto que supo pulir, convirtiéndolo en una de las urbanizaciones vacacionales más bonitas, cuidadas y tranquilas.



Vale do Lobo lo tiene todo para no salir de aquí, varias zonas comerciales, entre ellas uno frente al mar con una piscina para los residentes, espacios infantiles, spa, distinguidos restaurantes y una prestigiosa Academia de Tenis, la que reunía cada verano a las grandes leyendas de este deporte, McEnroe, Becker, Bjorn Borg o Vilas; y que ahora apuesta también por el pádel.



Si en algo se refleja la exclusividad de un lugar es en la tranquilidad, por eso nos gusta frecuentar el Vale de Lobo, porque incluso en esos días de alta ocupación veraniega, la estancia en la playa es relajada, la afluencia nunca se traduce en bullicio.



No tienes que tener mucha suerte para encontrar una plaza de aparcamiento junto al mar, eso sí nada aquí es gratuito (1 euro/hora). Desde el parking, junto al minigolf, un caminito te lleva hasta el punto neurálgico de la urbanización junto al Atlántico, el centro comercial Praça, desde el que bajas a una hermosa playa que va quedando despejada en el tramo de los acantilados.



La playa de Vale do Lobo es hermana de la de Falesia, no muy lejana, entre Ólhos d’Água y Vilamoura, foco también del turismo de lujo. Ambas presentan una orografía muy similar y única, la de altas falesias, acantilados de color cobre, que, con su protección, consiguen mantener un clima suave todo el año a pie de mar.

Bajo los acantilados, coronados por un imponente campo de golf, hay una larga playa hacia el este que desemboca en la urbanización de Dunas Douradas.  



Mientras que al oeste la playa del Vale do Lobo se une con la playa de Trafal, bordeando el otro campo de golf a la orilla misma del mar. 




Vale do Lobo combina el ambiente a todas a horas con la tranquilidad que requiere unas buenas vacaciones. 



Es un lugar donde acude tanto el que quiere dejarse ver como quien pretende no ser en encontrado. 



Vale do Lobo es también para los que disfrutamos de playas de arenas limpias y finas, en las que dar largos paseos sin sortear obstáculos y con la banda sonora de las olas. 




Una playa para los que no nos cansamos nunca de remojarnos en esas transparentes aguas del océano algarvio. 



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