Santa Catarina y el restaurante O Constantino


GASTRONOMÍA-RESTAURANTES




No hay mejor tiempo que la primavera para perderse en el Algarve rural; para pasear por ese campo colorido que huele a dulce, para disfrutar de la serenidad de la vida de las aldeas y, claro, también para deleitarse con esas recetas de las cocinas de antaño. Para este plan hay en el mapa regional varios destinos, pero hoy toca Santa Catarina da Fonte do Bispo y el restaurante O Constantino.




El Algarve más sereno y auténtico apunta hacia el norte, hacia el fondo del Barrocal y la Sierra de Caldeirão, allí está la blanca y pequeña localidad de Santa Catarina da Fonte da Bispo, a 15 kms de Tavira.



Una aldea tranquila rodeada de atractivos paisajes mediterráneos: de huertas, de naranjales que llenan el ambiente de olor a azahar, de algarrobos o de almendros entre riachuelos, viejas norias y antiguas quintas agrícolas, algunas ya en el olvido. No es extraño que los romanos trazaran por estas tierras de labranza una de sus antiguas calzadas, el ‘Caminhos dos Mouros’.


En Santa Catarina hay un olor especial: el de alpechín, porque de sus olivos se extrae un suave y aromático aceite con gran prestigio y tradición en toda la región. Si entras al pueblo desde la carretera de Tavira (N-270) te da la bienvenida la Cooperativa Agrícola del Aceite, un alto edificio de ladrillos, que desentona con la arquitectura de la localidad, en el que no sólo puedes comprar aceite, sino también frutos secos y los famosos licores y aguardientes de por aquí. 


Y, si llegas a la localidad desde Moncarapacho (N-398), entonces para el coche antes de entrar en la aldea, y visita el casi centenario Lagar de Santa Catarina, en el que se conservan utensilios de los antiguos procesos de extracción del aceite para mostrar a sus visitantes.


Los dueños de este pequeño Lagar también han mantenido una de las artesanías más carismáticas de esta zona, la fabricación artesanal de tejas. La tierra rojiza de Santa Catarina se cuece en hornos alimentados con leña y cáscara de almendras para transformarte en tejas y losas artesanales. 


La vida de sus habitantes por aquí se centra en el trabajo diario en el campo y a la tertulia vespertina y fraternal en los bares del Largo 1º de Maio o en la plaza de su iglesia del siglo XVI, punto de encuentro del vecindario de sus aldeas en la misa dominical. 


La rutina tranquila y sencilla de esta aldea tavirense se ve a veces alterada por la presencia de algún que otro turista, como nosotros, que llegan hasta aquí buscando sensaciones diferentes a las de la costa y también atraídos por la fama de sus buenas cocinas. 



El nombre de Santa Catarina va unido especialmente a uno de sus restaurantes, O Constantino, al que su propietario, un hombre carismático y bonachón, ha conseguido convertir en una referencia gastronómica del Algarve, gracias a su buena comida y también a su simpatía. 



El día que comimos en el restaurante, el dueño, Constantino, que en aquel momento atendía las mesas, era protagonista de un programa de televisión sobre el Festival de la GastronomíaSerrana de Tavira; casualidades de la vida. No es la primera vez ni la última, que el local se hace un hueco en la televisión lusa.




El restaurante, uno de los más veteranos de la zona con 30 años a sus espaldas, fue originariamente un punto de encuentro de los cazadores que viene a los cotos de por aquí y, precisamente, ese origen sigue presente en su cocina, donde los ricos guisos de carne de caza, venado, perdiz, liebre, jabalí o conejo de campo, atraen a muchos comensales hasta Santa Catarina, como nosotros. 




Habíamos visto en el folleto del Festival un plato muy sugerente que queríamos probar, el jabalí con ciruelas, arroz de lentejas, aroma de ajo francés y culantro y batata. Y allí estábamos nosotros bien temprano reservando una mesa a la mujer de Constantino antes de irnos a pasear al campo para abrir bien el apetito y tomarnos una cerveza fría en el Café Machado, el más animado de por aquí. 




Quizá nos entretuvimos demasiado, porque una vez de vuelta el jabalí ya estaba agotado, pero tampoco importó mucho, ya que la cocina tuvo la gentileza de reproducir la receta con otro ingrediente alternativo y para mí aún más delicioso, el venado. Una carne tierna, sobrepuesta sobre un pan empapado en salsa, al que la ciruela y la batata daban un contrapunto dulce que tan bien sienta a este tipo de guisos. 



Y, probamos más, una deliciosa açorda de galinha al estilo de Santa Catarina. Un guiso de garbanzos, pan y pollo, con huevo cuajado y aderezado con yerbabuena, culantro y ajo recién frito, que maridaba a la perfección con un vino tinto sorprendente de la localidad vecina de São Brás de Alportel, media jarra de Adega dos Sales.




Fueron dos enormes raciones, tan grandes como las que iban y venían a la mesas colindantes de gallo ‘marafado’ o de cocido. Comimos tanto que costó comerse aquella tarta tan buena de batata con almendra e higo, pero cuando algo es tan delicado como este postre, merece la pena hacer el esfuerzo.  




Un esfuerzo recompensado con un delicioso aguardiente de medronho, santo y seña de estas tierras,  ese líquido transparente que concentra la esencia de la sierra algarvia,  el mejor punto y final para un día en el que fuimos parte de la vida de Santa Catarina.






DATOS DE INTERÉS:



-El restaurante está ubicado a la salida de Santa Catarina por la N-270 hacia São Brás de Alportel, en la desviación hacia Porto Carvalhoso. Abre de lunes a domingo de 11.30-23.00 horas. Cierra los lunes. Acepta reservas en teléfono +351 281 971 217

-Pago medio 15 euros. Acepta tarjetas y metálico.

-Si te quieres quedar a dormir por la zona tienes los hoteles Herdade da Corte y Quinta do Marco.


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