Un safari por el corazón del Algarve




Hace unos días viví mi primer safari y quién me iba a decir a mí que lo haría en el Algarve. Safari significa viaje en suajili, una de las lenguas africana, un viaje al que Ana y Gerben nos invitaron a hacer en su jeep para conocer y fotografiar el mundo de las aldeas del corazón algarvio. Un paseo por los recovecos del Barrocal, por el pasado y el presente de una tierra con muchas historias.



Estaba en la Playa de Falesia paseando y recibí un mensaje de Ana al teléfono invitándome a dar una vuelta en jeep por el ‘Algarve desconocido’. En ese momento aquella situación me pareció un poco rocambolesca. No conocía a Ana, tan solo sabía que era seguidora de Instagram, y ni mucho menos había imaginado yo que mi fin de semana en Albufeira terminaría en una excursión tan exótica. Pero, estas son las sorpresas que nos da el Algarve, sorpresas que nos dan vida.



Al día siguiente, a las 10.00 horas, a esa hora en que huele a las ‘farturas’ de domingo recién hechas en la calle, ya estábamos en Paderne.



Ana nos esperaba en el Café Central, frente a la iglesia, que como cada domingo a esa hora se abarrota convirtiéndose en el punto de encuentro de todas las gentes de por aquí, sobre todo ahora con la llegada del nuevo padre que ha conseguido una buena sintonía con sus feligreses, según se rumorea en el pueblo.



Desde el primer momento ya hubo un feeling especial con nuestra anfitriona, que nos abrió las puertas de la casa de sus abuelos, y nos puso al día del devenir de su vida y de sus proyectos con un café bien frío en aquel corralón sembrado de flores y repletos de viejos aperos de labranza.



Ana ha vuelto a Paderne de Lisboa, a esa entrañable casa centenaria de su abuelo en la calle central del pueblo, la de los veranos de su infancia. Y aquí ha emprendido una nueva etapa de su vida, un proyecto para abrir la puerta del mundo rural del Algarve, el de sus orígenes, a quienes visitan esta región.



Y en la aventura ha encontrado a Gerben como compañero, un holandés afincado en estas tierras desde la adolescencia y un apasionado por la historia, la geografía, la biología, los animales…Esa ansia de conocimiento y también de aventura le llevó a ejercer desde muy joven como guía en grandes empresas de turismo, pero ahora ha decidido poner en marcha su propia empresa y brindar desde ellas experiencias más exclusivas y personales a sus clientes por ese Algarve tan especial del interior.



Gerben como Ana son pura simpatía, estás con ellos y parece que los conoces desde hace años y lo mejor es que tienen ese don para contagiar su pasión por esta tierra.



Paderne, por si no lo saben aún, es una de las aldeas que ha sido nominada como una de las más bellas de Portugal, una pequeña población perteneciente a Albufeira con una historia milenaria, y que conserva uno de los castillos que aparecen en la bandera de Portugal. Aquí, en este entorno de viejos molinos, de campos de labranzas, de escultóricas chimeneas y viejas casas cerradas, la vida poco o nada tiene que ver con la de la cercana costa. Aquí es donde se preserva la autenticidad algarvia, esa que nuestra pareja quiere desvelar a los visitantes.



Para ello, Ana ha reformado dos pequeñas casas de su abuelo, muy cerca de la casa de la familia en la calle central, las que acogían a los trabajadores que llegaban hasta aquí para la recogida de las algarrobas o las almendras. Después de leer e investigar sobre la arquitectura tradicional algarvia, ha remodelado estos espacios, 34 Canas y Toma Conta, con las técnicas de antes y las ha convertido en dos alojamientos turísticos. Les aseguro que las dos son ‘una casa portuguesa con certeza’.



Después de la charla cordial, de risas y bromas, llegó la hora de la aventura. Gerben trajo su jeep amarillo y Ana nos coló dos sombreros para emprender nuestro safari por los campos del Barrocal.



Del centro de Paderne salimos hacia el antiguo lavaderos, a la fuente y desde allí por caminos de tierra y saludando a los senderistas llegamos hasta el castillo, ese punto que divide el Algarve en el sotavento y el barlovento. Durante el primer trayecto, Gerben nos iba desvelando secretos del terruño, intercambiando alguna que otra palabra de los seis idiomas que habla.



El segundo tramo del viaje fue aún más divertido. Nos adentramos por las estrechas calles de las aldeas, parándonos a disfrutar de esos detalles de la arquitectura tradicional tan pintoresca. Para evitar las carreteras, tomamos un sendero de piedras que nos hacía botar en el vehículo, un viaje de subidas y bajadas, de túneles naturales formados por las ramas de los árboles, que nada tiene que envidiar al de un parque de atracciones.



Atravesamos un campo de olivos milenarios, terrenos de algarrobos y almendros, tierras que olían a curry, a lavanda y romero; cruzamos arroyos, ahora casi sin agua; y llegamos a este trozo de tierra donde Ana tiene depositados sus sueños. En este campo, al que viene todos los días a trabajar, están sus burros para ofrecer paseos por la zona, sus perros y el principio de lo que será un gran huerto.



En esta pequeña finca, nuestra última parada antes de volver y despedirnos en Paderne, está hoy el corazón de Ana, su ilusión de conformar un gran espacio rural donde poner en valor la forma de vida de la Dieta Mediterránea, pero eso es una bonita historia para otro día.

DATOS DE INTERÉS

-Gerben ofrece viajes personalizados en jeep para pequeños grupos. Los precios van desde 30 euros media jornada y 50 euros con almuerzo típico y hasta la tarde. La experiencia se adapta a las preferencias del grupo y pueden realizarse paradas en aldeas, lugares artesanales y también zonas de baño durante el verano. Las reservas se pueden realizar a través de gerbenhorst@hotmail.com o en el teléfono 00 351 937576098

-Ana tiene dos alojamientos rurales en el centro de Paderne, 34 Canas y Toma Conta, con capacidad para tres y cuatro personas respectivamente. Se puede contactar a través de analisboabraga@gmail.com

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