Sebastião José de Carvalho e Melo, más conocido como el Marqués de Pombal, no podría nunca llegar a imaginar, a pesar de que fuera una gran ilustrado y uno de los grandes estadistas de la historia portuguesa, que la ciudad que mandó construir en 1774 fuera el escenario de uno de los eventos sociales, comerciales y turísticos más populares de toda la frontera: la Feira de Velharias, o antigüedades de Vila Real de Santo António. El mercadillo que se celebra el segundo y tercer sábado de cada mes.


En donde hoy se levanta uno de los obeliscos más significativos de Portugal, había en el siglo XVIII una población de pescadores Santo António de Arenilha, sobre la que el Marqués de Pombal consiguió construir, en el récord de dos años, una ciudad nueva junto al Guadiana con piezas prefabricadas, iguales a las de la Baixa de Lisboa.


Una ciudad que surgió para convertirse en el centro pesquero y conservero del sur y punto de control aduanero, pero con el tiempo adquiriría una auténtica vocación comercial.


Hoy, Vila Real de Santo Antonio es uno de los principales centros de compras del Algarve y sus calles peatonales, que surgen de la Plaza y desembocan en el río, están repletas de cientos de comercios, muy apreciados por su lencería, ropa, loza, cacharros de cocina, decoración, joyas y productos gourmet.


El alma de Vila Real de Santo Antonio es su plaza cuadrada, recubierta de pequeñas piedras, adoquines portugueses blancos y negros, que como si se tratara de los rayos se unen al sol, que bien podría representar el Obelisco Real. En ella, siguen presentes los mismos elementos que pensó el marqués y ministro del rey José I: la Iglesia, la Casa de Cámara, recientemente rehabilitada, y la de Alfândega.


La plaza, que en su origen se llamó Real, más tarde del Comercio y hoy del Marqués de Pombal, en homenaje a su fundador, tiene siempre un mágico encanto, y es imposible que pase desapercibida para nadie. Para algunos el atractivo es su animación; para otros, la tranquilidad y el silencio con un café bajo el sol.


Es realmente raro que en ella no encuentres un evento, porque la mayoría de los acontecimientos y fiestas de esta ciudad se celebran en este espacio. Y, según la ocasión, la plaza adquiere un matiz diferente.


El segundo y quinto sábado de cada mes esta plaza se convierte en uno de los espacios más cosmopolitas de toda la región, gracias a la Feira de Velharias, que en algunas ocasiones se celebra también en la Avenida del Puerto.


Anticuarios y vendedores de diferentes nacionalidades se unen ese día para exponer entre los bancos y naranjos reliquias de otros tiempos, todo lo que puedas imaginar e incluso lo que nunca llegaste a sospechar.



Para los entendidos en esta materia, y entre ellos está mi madre, esta feria es una de las más interesantes, en la que puedes encontrar verdaderas ‘gangas’, después de un simpático regateo que forma parte del uso y costumbres de este tipo de compras.


Entre mesas, espejos, faroles, cabeceros, repisas, vasijas, herramientas antiguas, lámparas, alfombras…puedes toparte con un auténtico tesoro. Algo que siempre quisiste tener, pero que nunca supiste dónde comprar.


A parte de las compras, el mercadillo es un gran entretenimiento para grandes y mayores. Es una delicia pasar la mañana aquí, sorprendiéndote con los artículos de otros tiempos, sonriendo con la ocurrencia de las mercancías ofrecidas, soñando con viejas historias y echando de menos ‘aquellos maravillosos años’ que nos recuerdan muchos de sus objetos.


La Plaza Márques de Pombal tiene vocación de feria, como la entendemos nosotros, en la que una día si y otro también se ve ocupada por vendedores ambulantes, música, alegría y mucho trasiego.


Si el Marqués de Pombal levantara la cabeza un sábado de estos, y se sentará en la plaza que ideó y lleva su nombre, no daría crédito a la escena. Aquel lugar que levantó, con la estrategia de reafirmar la frontera con España, se ha convertido hoy en uno de los principal es puntos de encuentro de los dos vecinos. Así es la historia de caprichosa.