Pausa, una atractiva tapería en Tavira



La ‘tapa’ está de moda en Tavira; en el último año la ciudad se ha plagado de locales pequeños y coquetos con cartas muy atractivas, cócteles y vinos por copa. Bares para picar o comer con unos platos cuidados en el fondo y en la forma, que ponen un toque atractivo y original a la oferta existente. Y dentro de estos bares 'chic', en el corazón mismo de la ciudad, está Pausa, una tapería que cada día cosecha más adeptos.


En la rua Doctor Marcelino Franco, uno de los bulevares más bonitos y señoriales para mí de Tavira, donde está el legendario Cine Teatro António Pinheiro, la reformada iglesia de Nossa Senhora de las Ondas, el edificio del Compromiso Marítimo y preciosos palacetes, se encuentra también, casi escondido, el restaurante de tapas Pausa. Un local que en muy poco tiempo se ha consolidado como una referencia gastronómica en la ciudad, curiosamente, con una carta informal y, sobre todo, diferente.


El éxito de este local quizá esté en la modestia. Desde fuera, Pausa, con una fachada extremadamente sencilla en la que sólo sobresale un bonito escudo en un casa colindante o las cuatro pequeñas mesas siempre llenas de la calle, pasa completamente desapercibido. 


El pequeño comedor interior, que sirve a veces de lugar de exposiciones, destaca también por una decoración humilde y minimalista, que hace sobresalir la bonita vajilla, los cócteles y sangría en grandes copas y, sobre todo, el colorido de sus platos. 


Ansiosos de comprobar si la comida del restaurante estaba a la altura de su fama y, después de esperar algunos meses, conseguimos mesa para almorzar un lunes en un rincón del comedor. La primera sorpresa fue la carta que, como todo, destaca por su recato, una simple hoja que distribuye la oferta en varias tapas para comenzar, cinco tipos de bruschettas, cuatro sugerencias de ensaladas y diversos platos de pescados, verduras y carne, en medias o grandes raciones.


La carta consigue un equilibrio perfecto entre todos los gustos: quienes se resisten a abandonar el recetario tradicional, los que prefieren ensaladas o verduras, aquellos que disfrutan con tapas o compartiendo, o esos que buscan al menos un matiz de innovación en las propuestas. 




Nos resultó tan sugerente el listado, que tardamos un poco en decidir y mientras lo hacíamos se dejó caer un pan de algarrobas con nueces para mojar hasta agotar un cuenco de delicioso aceite con un toque de vinagre balsámico. Nos encanta el pan de algarroba, pero este además tenía una textura distinta al resto, mucho más esponjosos, simulando un brioche. 




Por eso que somos del país vecino y porque en mi casa los fines de semana se hacen concursos de patatas bravas entre mis hijos, no nos pudimos resistir a pedirlas. Llegaron en un precioso cuenco tipo japonés, crujientes por fuera, casi en puré por dentro, con dos salsas combinadas y aderezadas con cebollino que le otorgaban el pique justo. Opinión: muy ricas y estupendas para apurar las dos primeras cervezas.


De los platos, uno optó por gambas aliñadas con jengibre y lima, que llegaron acompañadas de trozos de pan serrano con los que, aunque sea de mala educación, acabamos limpiando el aceite aderezado del plato. El otro se decantó por un pulpo, guisado con pimentón, y con unas fantásticas batatas de Alejezur frita. Un acompañamiento rico, rico, que hemos generalizado en casa con muchos platos o de simple aperitivo.


Las 'sobremesas', o lo que es lo mismo los postres, no están incluidas en la carta, tan sólo se refleja el precio que es de 4 euros para todas. Pero, para eso están las simpáticas y atentas camareras que no tuvieron que hacer mucho para convencernos de pedir un brownie con helado casero, realmente bueno.



Pausa es modesto en todo, incluso en el precio, ajustado al servicio y a la calidad, 24 euros para dos entradas, dos platos, cuatro cervezas y un postre para compartir. Ahora ya sabemos porque el bar-restaurante Pausa se ha puesto tan de moda en Tavira.


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