Sendero en Fóia y comida en Tasca do Petrol




Los años se reciben con retos, esos propósitos son los que aderezan la vida, los que le aportan un matiz excitante. Entre nuestros desafíos del nuevo año está el de recorrer la red de senderos del Algarve y, para empezar a cumplirlo, hemos subido hasta el punto más alto de esta región, el que roza las nubes y ofrece las vistas más maravillosas de su costa. Nos hemos ido a Fóia con una parada para recuperar fuerzas en la Tasca do Petrol. 


En ese rincón del Algarve donde se fabrica artesanalmente todavía el aguardiente de madroño en alambiques de cobre; en el que su aire cura algunos de los chorizos y embutidos más apreciados de este país; y hasta el que muchos llegan confiando en las propiedades milagrosas de las aguas termales descubiertas por los romanos; allí, en la sierra de Monchique, se encuentra también el pico de Fóia, la cumbre más alta del sur de Portugal. 





A Monchique alguien le dio el título del 'jardín del Algarve', un jardín castigado últimamente por los incendios, pero donde sus árboles tienen una fuerte capacidad de recuperación. A pesar de los estragos del fuego del último verano, que comprobamos con pena en algunos tramos afectados, el verde empieza imponerse ya sobre el dramático marrón. Brotes de color esperanza para un espectacular patrimonio natural. 





Subimos hacia Monchique una mañana soleada de enero con la intención de recorrer el sendero de Fóia, una ruta circular de 7 kilómetros, que rodea el pico de más de 900 metros de altitud. 





Después de callejear por el pueblo y visitar el mercado, tomamos la calle que lleva el nombre ‘Camino de Foia’, buscando el punto de inicio del itinerario.





De camino nos cruzamos con varios senderistas, que, como nosotros, habían elegido un día demasiado ventoso para apreciar con plenitud la belleza de un camino que rodea todo el pico y brinda una panorámica única, indescriptible, del mar, de la costa, de las montañas. Aquí arriba el horizonte no tiene fin. 




El punto de partida es el mirador de Fóia, con aparcamientos para dejar el coche, un restaurante y cafetería y una sala de exposición de los oficios artesanales. Frente a ellos encuentras los carteles informativos de los senderos de Fóia y das Cascatas, este último una ruta a través de los caminos del agua de 20 kilómetros. 





El mirador te deja embobado. Aquí arriba se ve el camino del río Arade desembocando en el Atlántico y los altos edificios de Portimão en el fondo, iluminados aquel día por un sol radiante, al que algunas nubes imprevistas se afanaban con tapar. 





Desde esta cima llena de antenas se vislumbra la costa de Lagos y de Carvoeiro, y dicen que hasta el mismo cabo de San Vicente, que la bruma nos impedía ojear aquella mañana. 


Al borde del mirador, donde falsamente parece que la montaña desemboca en un gigante precipicio, un azulejo relata como desde el mar este lugar ha sido visto por los navegantes desde la antigüedad como una gran colina verde. Un punto de referencia para llegar a buen puerto.




Uno de ellos, Pedro da Silva, capitán de Malaca, fue el que propicio aquí en esta sierra la primera construcción, tras salvarse de una tempestad: el convento de Nuestra Señora del Destierro sobre el pueblo de Monchique, hoy en ruinas.





El sendero empieza y termina en Fóia, y en su trayectoria se cruza con la Vía Algarviana. Un camino variopinto alfombrado de verde en algunos tramos y asfaltado en otros; donde a veces predominan los arbustos y en otras ocasiones los árboles de alto porte como los eucaliptos, robles, pinos o los alcornoques. 





En alguna revista lusa apareció una lista con los 20 lugares que los portugueses debían de visitar antes de morir; uno de ellos es esta montaña del sur, con un paisaje y un ambiente que contradice y complementa al de su costa. 




De Fóia volvimos a Monchique para tomar la carretera hacia la aldea de Marmelete, la cuna del medroño y punto de partida de la ruta de las destilerías artesanales del famoso licor algarvio que lleva su nombre. Aunque la excursión de aquel día terminaba un poco antes de la aldea, frente a la parada de autobús de Corgo do Vale, en la Tasca do Petrol.



El día en que leímos que el chef austríaco Hans Neuner, cocinero del restaurante Ocean del hotel Vila Vita con dos estrellas Michelín, tenía entre sus restaurantes favoritos a Tasca do Petrol, visitar esta casa de comidas en Monchique se convirtió en uno de nuestros deseos. Mandamos primero a mi vecino Lauren y las buenas referencias que nos trajo a la vuelta nos incrementaron más las ganas






Por fin llegamos esa tarde a la tasca, que puede pasar desapercibida para cualquiera que pase por esa carretera serrana y desconozca de su fama. En sus salones, lugar de parada de muchos trabajadores de la zona para el almuerzo, el prestigioso Neuner confesó a la prensa que había vivido ‘su primer baño gastronómico del Algarve interior’.




Tasca do Petrol es un restaurante humilde, acogedor y familiar, con una terraza cubierta hacia la carretera y dos salones, uno ambientado por una chimenea y otro con vistas hacia lo que su cocinera elabora en los fogones. Aquí hace años, los antepasados de la propiedad, regentaban una tienda en la que se compraba la gasolina para las candelas, de ahí su nombre. 





En la carta de Petrol hay un poco de todo, ensaladas, pescados, guisos, carnes y  tapas, los petiscos de embutidos, que se reservan para el fin de semana. Nosotros llevábamos las ideas algo claras sobre qué pedir: su cocido de col, reconocido con justicia en las guías de viaje y la assadura á moda de Monchique (carne de cerdo condimentada con ajo, culantro y limón) con un gran plato de patatas recién fritas.






Las raciones (10 euros) no sólo estaban ricas, sino que además era gigantes, tanto que tuvimos que pedir un recipiente para llevarnos la assadura para la cena. Pero, lo he dicho alguna vez y lo repito, por mucho que uno haya comido, en el Algarve es pecado no dejar un lugar o hacer un esfuerzo para probar los postres caseros. En aquella ocasión fue para el dulce de la casa con galletas, una crema pastelera, caramelo y nata. Un magnífico punto y final para nuestra primera excursión a Fóia. 


DATOS DE INTERÉS PARA LA VISITA: 


-El restaurante Tasca do Petrol sirve almuerzos y cenas. Cierra los miércoles. Está de vacaciones del 16 de enero al 1 de febrero. El precio de nuestra comida con entradas, dos cervezas, dos platos, media jarra de vino, café y un postre fue de 30,60 euros. Precio medio: 15 euros. No admite tarjetas, en Marmelete, a cinco minutos en coche hay cajero automático. Las coordenadas para llegar aquí son: 37º17'54.29'' N 8º37'46.31'' O


-Si quieres realizar senderos guiados por la Sierra de Monchique, incluyendo en algunos de ellos visitas y almuerzos típicos a precios muy razonables, puedes contactar o seguir el facebook de Monchique Passeios na Serra.


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