Visita al Museo de Portimão




Leí de un profesor portugués que la sardina representa lo mejor de Portugal y también la identidad de este país, más incluso que el famoso gallo de Barcelos. El pez es cuestión va unido a sus fiestas más populares, a buena parte de su economía e incluso a sus frases coloquiales más recurrentes. Y en el Algarve cuando se habla de sardina, se mira irremediablemente hacia Portimão. Las sardinas son las protagonistas de esta hermosa ciudad algarvia y para entenderlo tienes que visitar su Museo Municipal. Un lugar lleno de curiosidades, divertido y muy interesante, no en vano presume de varios premios museísticos del país y del título de ‘Museo del Año’ en 2010, concedido por el Consejo Europeo. Para nosotros fue una sorpresa.


El sábado el Museo abre sus puertas de manera gratuita, así que, ya que estábamos el fin de semana alojados en el hotel da Rocha en Praia da Rocha, planeamos hacer una visita con los niños. 



El edificio no pasa desapercibido en la ciudad. Se trata de una antigua fábrica de conservas, a la orilla misma del rio Arade. Una gran edificación que mantiene en su fachada el letrero de ‘Conservas La Rose’ y cuya puerta de entrada se sitúa junto a al mismo puerto. Por aquí, por donde hoy entran visitantes al museo, desembarcaban los pescadores sus sardinas y pescados recién capturados. 



El que hoy es uno de los Museos más atractivos de Portugal fue desde finales del siglo XIX una conservera fundada curiosamente por una familia de origen español: Feu Hermanos. La fábrica de conservas ‘La Rose’ fue levantada por Antonio y Cayetano Feu, que ya poseían una factoría en Ayamonte y que tuvieron un gran influjo en la vida económica, política y social de esta ciudad. Cayetano fue el primero en llegar, se enamoró de esta tierra y acabo nacionalizándose con una gran fiesta en Monchique.




El Museo, que abrió sus puertas en 2008, no sólo ha mantenido la fachada y la estructura del edificio; cuando estás dentro percibes que el espíritu de la fábrica sigue vivo con una recreación perfecta del ambiente.




Comenzamos la visita por uno de los lugares más enigmáticos del museo: el Fondo de las Aguas. Bajamos una escalera hacia el sótano de la antigua fábrica, donde se cogía el agua de la lluvia para el proceso de salmuera del pescado y las calderas. Una gran pasarela de madera atraviesa estas 'catacumbas' conserveras, donde ahora se proyectan imágenes relacionadas con el fondo del Río Arade. 



Aunque el museo se centra en la industria conservera, el itinerario comienza explicando los modos de ocupación del territorio en torno al río por las diferentes civilizaciones desde la Prehistoria, dando cuenta de los monumentos megalíticos de Alcalar, otra de las joyas de Portimão, y pasando por los restos romanos y musulmanes encontrados en estas tierras. Como cualquier chiquillo, mi hijo fijaba la mirada en aquellos viejos cañones, empleados en las múltiples batallas que debieron librarse durante siglos junto al río. 


Antes del boom conservero de Portimão hubo dos sectores económicos importantes: la construcción naval, gracias a los antiguos astilleros, donde los troncos de los árboles de Monchique se transformaban en resistentes embarcaciones y el relacionado con los frutos secos, sobre todo del higo, fuente de importante riqueza, gracias a su exportación. Uno de los elementos más atractivos del museo es la gran cantidad de maquinaria antigua que se conserva de aquellos 'viejos oficios'. Artefactos desconocidos y sorprendentes, al menos para nosotros. 


Instrumentos curiosos para fabricar las boyas del mar o las resistentes cuerdas que requiere el oficio. Un tributo a viejos inventos relegados ya al olvido, pero decisivos en su tiempo.


Para nosotros todo aquello era un mundo desconocido y a la vez un gran descubrimiento. Igual ocurrió con el apartado que se dedica a realzar la figura del hijo más ilustre de esta tierra: Manuel Teixeira Gomes, presidente de la República Portuguesa en 1923 y un hombre cosmopolita, culto. Su interesante vida queda latente en muchos recuerdos y objetos personales expuestos.




Cualquier panel, cualquier fotografía, cualquier expositor despertaba nuestra atención continuamente sobre la historia de esta ciudad portuaria, en la que el río y su salida al óceano simpre jugó, y lo sigue haciendo, un papel dinámico y  decisivo en su economía. Fue con las conservas y más tarde con el turismo.


La parte central y para nosotros más llamativa del Museo fija su atención en la industria conservera con el tiítulo 'La vida industrial y el desafio al mar'. Grandes paneles, maniquies a escala de los trabajadores, máquinas, aperos, fotografias antiguas y hasta la proyección de una película reproducen la vida en la conservera La Rose, desde la llegada del pescado hasta la salida de las latas y los curiosos modos de promoción de la industria que idearon los hermanos Feu.


No falta ni un detalle en la minuciosa recreación de todo el proceso que comienza con la llegada del pescado fresco desde el Puerto hasta las fábricas. La llegada de los trabajadores a las fábricas después de oir las sirenas e incluso detalles de la vida de de aquellos hombres y mujeres, que consiguieron con su esfuerzo diario y callado elevar esta industria y el nombre de su ciudad.
                              
 

Y los trabajos en la antigua 'Casa do Descabeço', de esta fábrica, donde se ha reproducido con una gran exactitud las diferentes fases de manipulación del pescado.


Después de la operación de descabezado del pescado, éste pasaba por la fase de salmuera, depostiándolo en tanques de agua y sal a 25 grados durante un tiempo para ganar en sabor.

 
Finalizado el tratamiento del pescado, llegaba el difícil momento de encajar las sardinas en esas pequeñas latas y cubrirla con finas láminas de hojalatas llenas de colores y dibujos; latas que han vuelto a aparecer en Portugal como producto gourmet. 

                    
Nuestro paseo por el museo terminó con canciones, risas y juegos, gracias a los anuncios de las conservas La Rose: fados por la radio dedicados a las ricas conservas y el juego de la sardina, al que ya sabemos jugar desde aquel día. Un juego que sirvió para que los dueños de la empresas grabaran incluso una película, que llegó a proyectarse en los cines. ¿Sabes jugar?



Horario de apertura

-A partir del 1 de septiembre al 31 de julio: Martes: de 14:30 a 18:00. Miércoles a domingo: 10:00 a 18:00. Cierra lunes hasta las 14:30 horas y festivos. 


-A partir del 1 al 31 de agosto: Martes: 19:30 a 23:00. Miércoles a domingo: 15:00-23:00 

Entrada libre los sábados: de 10:00 14:00 hasta (15:00 hasta las 19:00 en hora de verano)



Precio: 3 euros adultos, niños gratis.
GPS: 37° 7'52.55" N / 8°32'6.84" W



1 comentario:

Gracias por tu comentario! Obrigado!