Isla de Culatra, el caribe algarvio




Una de los parajes que más me han impactado de Portugal son las islas de la Ría Formosa. El día que pisamos la isla de Armona por primera vez mi impresión fue la de haber llegado hasta el Caribe. Fuseta, Armona, Culatra, Farol e Ilha Desserta podrían pasar por cualquier isla caribeña de aguas transparente y de color turquesa, de arena fina y blanca, de playas solitarias, donde el tiempo parece correr más lento. Cualquier fotografía de estas islas podría suplantar la mejor postal del Caribe. No es necesario subirte a un avión, tan sólo coger un pintoresco ferry desde el puerto de Olhão, Fuseta o Faro  y en pocos minutos disfrutar de este paraíso.  Andar descalzos por la arena de sus estrechas calles, quemarte los dedos con las sardinas recién asadas, tirarte al agua desde el embarcadero y despedir el sol con una rica capirinha. Hoy nos vamos a Culatra.


Tenemos fijación por la isla de Culatra; tanto que siempre que volvemos de allí lo hacemos con la intención de ahorrar para comprar aquí una pequeña casa y retirarnos en este rincón del mundo soleado, bonito y genuino.



Culatra tiene la virtud de no haber sido invadida todavía por el turismo masivo;  la fisonomía de su poblado continúa virgen; se conservan casi intactas las casas de sus pescadores en calles estrechas y de arenas, adornadas por preciosas buganvillas, adelfas y pacíficos, donde en cada esquina hay una original barbacoa esperando el pescado fresco;  donde en cada porche hay hamacas colgando y coloridos frisos algarvios.



En Culatra es difícil moverte de otra manera que no sea a pie, en bici o en tractores. La isla sigue conservando sus calles recubiertas de arena sobre las que se han habilitado una red de caminos peatonales con losas de hormigón, que conforman las calles de esta particular localidad, única en el Algarve. 



No hay nada como viajar a Culatra un sábado. La excursión tienes que emprenderla bien temprano porque lleva aparejada una primera parada en el mercado de productores de Olhão, que se celebra todos los sábados junto a su típico mercado, uno de los emblemas de la ciudad cubista, visitado por los más prestigiosos chefs internacionales. 


Después de aparcar cerca del puerto o en el parking público situado junto al supermercado Pingo Doce, detrás del auditorio, es obligatorio el desayuno antes de subir al barco. Un café con algún bolo casero entre el bullicio, las ideas y venidas de los vendedores montando sus puestos, mientras los niños corren por el parque y se hacen para la travesía con cartuchos de ciruelas, almendras, cerezas o o melocotones...


El segundo episodio de la excursión continua siendo igual de divertido. Hay que sacar el billete del ferry de dos plantas que te lleva a la isla de Culatra y a Farol (3,70 euros Culatra ida y vuelta y 4,30 euros Farol). (Consulta aquí horarios). 


Aunque siempre te cabe la posibilidad, si pierdes el barco, de coger en cualquier momento un taxi acuático, que nunca faltan en el puerto de Olhão (30 euros cinco personas, el doble de lo que te cuesta el billete del barco).



Hasta la isla tienes un precioso paseo de media hora por la ría Formosa, en la que la ciudad cubista y el Monte Figo al fondo se van alejando y donde te embriaga el olor auténtico y profundo a mar.


Nada más pisar esta aldea de pescadores y mariscadores ya te das cuentas que acabas de llegar a otro mundo muy distinto al de la otra orilla, en un ambiente natural, salvaje, marinero, donde te acogen, aunque sólo sea por horas, como uno más, de donde te cuesta marcharte. 


Aunque la aldea es pintoresca y está llena de encantos y curiosidades, lo verdaderamente espectacular es su playa, situada al otro lado de la isla, y a la que llegas por el itinerario marcado entre sus estrechas calles, que desemboca en una gran pasarela de madera que atraviesa las dunas. 



Sin llegarlo a imaginar, casi de repente el camino desemboca en una preciosa playa de aguas turquesas, de arena fina y blanquecina.



Una playa que se estrecha y se une a la de Farol hacia el oeste y se amplia hacia el oeste alcanzando para casi toca al final a la bonita isla de Armona, donde se conforman grandes piscinas naturales con las bajadas y subidas del mar.


La playa te permite perderte en zonas solitarias, donde bien podría rodarse la película del superviviente de un naufragio en pleno Pacífico. Pero, si prefieres comodidades y compañía en este pequeño paraíso también las tienes, porque la playa más cercana a la pasarela dispone de una concesión con sombrilas, hamacas, bebidas e incluso actividades. 


No hay un día más especial de baños, de paseos, de juegos y de siestas que el que puedes vivir en Culatra.



Si no llevas comida para la playa no te queda más remedio que recorrer hacia atrás la pasarela y volver al pueblo, donde en cualquier lado encuentras pescados fresco: sardinas, anchovas, ostras, almejas...



De Culatra guardamos muchos y gratos recuerdos de nuestras comidas, momentos realmente especiales en los que hemos tenido el lujo de compartir mesa y mantel con sus habitantes. La primera vez lo hicimos, por mera casualidad, en el bar escondido entre callejuelas, cerca del campo de fútbol, de la Sociedad Culatrense, donde a altas horas de la tarde y con la cocina ya cerrada, la cocinera y su hijo llenaron nuestra mesa de un excelente pescado y pollo a la brasa con un postre todavía más rico.



La segunda vez vistamos la casa de João, un propietario de una de las casas que se alquilan en la isla residente en Estoril y con antepasados aquí, que nos sentó a todos en su patio para regalarnos un almuerzo único, donde las sardinas, recién cogidas, se asaban en una barbacoa por uno de sus amigos pescadores y a las que acompañaban patatas, ensalada y paté preparados por su mujer, Rosa María. 


Aquel almuerzo inolvidable terminó con chascarrillos y chistes en los dos idiomas y entorno a ricas copas de amarginha y una bandeja de dulces caseros, que esa misma mañana habíamos visto preparar en una de las casas de Culatra. 



Nada más bajarnos del barco y camino de la playa, el rico olor nos acabó llevando a una de las pequeñas casas cerca del mini mercado, donde fuimos privilegiados espectadores de la preparación casera de algunos de los bolos con los que acompañaríamos el café de la tarde. 




De la bonita isla de Culatra no te puedes marchar sin tomarte una rica capirinha frente a la ría antes de coger el ferry, cuando ya se pone el sol y sin darte un chapuzón en la ría.


No te resistas a volver a la infancia y tirarte con la marea alta desde el embarcadero mientras llega el barco de recogida. Si vas con niños, la experiencia, con cuidado, es obligada y muy divertida. 


Culatra te brinda muchas sensaciones en una paraje natural único, yo me atrevería a afirmar que de los más bonitos del mundo, por eso cuando vuelves en el barco y llegas al puerto de Olhão ya te invade la melancolía por ese lugar del que acabas de partir. Quizá por eso la isla podría ser la inspiración de una preciosa letra de fado. 


1 comentario:

  1. Gracias por la publicación, muy útil la publicación. Algarve es un lugar que deseo visitar ;)

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