La Vila Adentro de Faro




Las ciudades no se entienden sin su pasado; conocer su historia, antes que a ellas, nos hace  verlas de una manera diferente, con otros ojos. Es una manera de multiplicar las sensaciones cuando visitas un lugar, porque no sólo te quedas con lo que ves, sino que vas más allá del momento, y en el rincón de una calle, en un monumento,  o en un detalle se dispara de manera automática un flashback. Hay ciudades que se prestan a este juego de sombras entre el presente y el pasado y una de estas ciudades es Faro y su Vila Adentro.



Me encanta recorrer la antigua Santa María, la vieja Ossonoba, la anciana y mora Hárune, las calles estrechas de la Vila Adentro, e imaginar la vida de su zoco árabe, las luchas, intrigas y amores atormentados entre moros y cristianos o aquel día en que la tierra tembló...


Para que salgas a recorrer la ciudad con una mochila de ‘historias’ se ha estrenado recientemente el Centro de Interpretación Arco da Vila; un lugar que, de por sí, ya está lleno de leyendas.


Desde finales del pasado año el lugar más emblemático de la capital del Algarve, el arco de entrada a la Vila Adentro desde el Jardim Manuel Bivar, junto al puerto y frente la iglesia de la Misericórdia, se ha convertido en un centro interpretativo de la historia de la ciudad. 



Un punto de visita imprescindible antes de salir a recorrerla, que además te brinda desde su campanario una estampa privilegiada de los tejados más antiguos de la ciudad y de su ría.


El Arco da Vila es una de las puertas de entradas al recinto amurallado de Faro, a la parte más centenaria de la ciudad conocida como la Vila Adentro o la Cidade Velha, nombre que realmente hace justicia a esta entorno. 


Un entramado de calles estrechas, con grandes casas solariegas, realmente bonito y carismático, donde el tiempo parece retroceder, a veces pararse y otras andar realmente despacio.



Dicen que esta muralla, la que atraviesas desde el Arco da Vila, estuvo ahí incluso antes que los romanos llegaran a la península. 


La muralla fue testigo de la vitoria del Rey Afonso III sobre los moros, y en otra de sus puertas, el Arco do Repouso, descansaron sus tropas tras la victoria. El mismo arco en el que otros aseguran que quedó encerrada una mora, en castigo paternal por su enamoramiento con un cristiano.


La Vila Adentro sufrió el cruel ataque del Conde Essex en 1596, el último decapitado en la Torre de Londres, que antes de ser castigado por la reina por su intento de sublevación, saqueó cruelmente a Faro y robó la valiosa biblioteca su obispo. 


Las murallas albergaban un castillo, el que más tarde en el siglo XIX se convirtió en la fábrica de cerveza Portugalia, y que hoy acoge los ensayos y conciertos de la asociación de músicos locales.



El recinto amurallado fue castigado severamente por batallas, como el resto de la Vila Adentro, y, sobre todo, buena parte derruido por el terrible terremoto de 1755.



Parece mentira, cada vez que nos sentamos en la terraza del elegante bar O Castelo, situado encima de la muralla y con la Ría Formosa enfrente, que ese bonito paraje natural que invita al sosiego haya sido testigo de tan desastrosos avatares a lo largo de la historia.


El último puente de diciembre, aprovechando la ritual escapada al Algarve con los abuelos, nos acercamos a conocer el nuevo Centro Interpretativo de Faro, animados por la curiosidad de descubrir desde ese bonito campanario una panorámica distinta para nosotros de la ciudad y con la curiosidad también de averiguar lo que se escondía dentro de aquel  majestuoso edificio, declarado Monumento Nacional. 


El centro relata en varias salas a través de documentos, paneles, periódicos y antiguos objetos la historia de la capital algarvia, centrándose en el revulsivo que supuso la construcción del Arco da Vila en 1812. Una obra encargada por el obispo D. Francisco Gomes de Avelar al arquitecto italiano Xavier Fabri y con la que se pretendía poner en valor la Praça de Rainha, el actual Jardim Manuel Bivar o Jardim do Bacalau, nominado así por su forma. 


El Centro alberga la oficina de turismo, una parte expositiva en la primera planta y la proyección de una película, en la que se relata las leyendas que envuelven el lugar, como el episodio que protagonizaron los moros frente a los cristianos al tirar al mar la imagen venerada de Santa María, incrustada en la muralla, provocando que las redes de los peces volvieran todos los días vacías. La imagen volvió a su lugar y los peces a las redes.


O la historia referente a la figura del patrón de la ciudad, Santo Tomás de Aquino, que luce en el mismo arco, pero que ningún trabajador podía subir hasta allí, porque en el momento de hacerlo su peso impedía moverlo, hasta que el mismo obispo le susurró algo al santo al oído, palabras que parecieron surtir efecto para elevar por fin al Santo. Leyendas y curiosidades que nos hacen disfrutar todavía más de estos monumentos. 



La parte más bonita del Centro es sin lugar a dudas el campanario y las vistas a la Rua do Municipio, esa larga calle que desemboca en la Catedral de Faro, el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento. 



Subir hasta allí te permite hasta tocar la 'casa' de las cigüeñas, que se han convertido en vigilantes perennes del reloj y de la ciudad antigua de Faro.


Aquel día paseamos por la Vila Adentro con una mayor sabiduría. Y, una vez más, atravesamos el arco volviendo la vista atrás para fotografiar las cigüeñas.


Nos acercamos a la Catedral da Sé en la plaza donde la escultura del ilustre obispo parece vigilar día y noche el Palacio Episcopal y el Seminario con sus coquetos y genuinos tejados. 



Bordeamos la catedral, con apariencia de castillo o fortaleza, y desde cuyo campanario, también visitable, tienes unas vistas impresionantes. Nos dirigirnos por su espalda a  la Plaza de Dom Afonso III, donde el antiguo convento de Nuestra Señora de la Asunción acoge el Museo Municipal y junto al que se encuentran algunos de los mejores restaurantes de la ciudad. 


Nuestro paseo continuó por las calles blancas calles empedradas, en la búsqueda de otra de las puertas de la muralla, la Porta Nova, para desde allí salir hacia la Ría Formosa, donde se cogen los barcos que hacen la travesía a las islas.


Por mucho que conozcas Faro, pasear por su vieja ciudad siempre es un placer; imaginando que aquellos lugares esconden secretos aún desconocidos, y pensando que lo que es presente o lo que será futuro, acabarán siendo más historias para contar. 


INFORMACIÓN ÚTIL DE LA VILA ADENTRO:


-CENTRO DE INTERPRETACIÓN ARCO DA VILA: Visitable de 9 a 18 horas todos los días. Precio de entrada: 3 euros. Alberga además la Oficina de Turismo en la planta baja.

-MUSEO MUNICIPAL DE FARO: Está abierto de martes a viernes de 10-18 horas en invierno y hasta las 19 horas en verano. Los sábados y domingo abre de 10.30-17.00 horas en invierno y de 11.30 a 18.00 horas en verano. Los domingos es gratis hasta las 14.30 en invierno y 15.30 en verano. El precio es de 2 euros adultos o 2,5 euros si también incluye la visita al Museo Regional. Las exposiciones temporales tienen precio de 1 euro para adultos. Ofrece también visitas guiadas al centro histórico de martes a viernes de 10 a 14 horas, pero hay que solicitarlo una semana antes en el número de teléfono +351 289870827 

-CATEDRAL DE FARO: Abre de lunes a viernes de 10 a 18.00 horas en invierno y de 10-18.30 horas en verano. De 9.30-13.00 horas los sábado y cierra domingo. El horario de culto de lunes a viernes es a las 19.00 horas y los sábados a las 18.00 horas o a las 21.30  horas en julio y agosto. Los domingo el culto es a las 12.00 horas. Entrada: 3 euros, incluyendo museo y campanario.

-RESTAURANTES: En la Vila Adentro tienes algunos de los mejores restaurantes de la ciudad; en la praça D. Afonso III está Tertúlia Algarvia y Vila Adentro. Y, casi al lado, en la calle do Castelo, encuentras el restaurante Faz Gosto.

-COPAS Y CAFÉ: No te puedes perder una cerveza, café o copa, si tienes suerte con espectáculo, en la terraza del bar O Castelo, integrado en la misma muralla.

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