Quelfes, donde se para el tiempo




Hay lugares que permanecen inalterables; pasan los días, los años, vuelves y todo sigue igual, como el primer día que estuviste allí. Uno de esos lugares es QuelfesEn esa aldea escondida entre los campos de Olhão el aire parece estar cargado de un formol que acaba embalsamando sus ancianas chimeneas, la vieja noria, la encalada iglesia que sobrevivió al terremoto o el puente romano, donde se tendió la emboscada a los franceses invasores. Aquí en este lugar tan auténtico del Algarve nos gusta volver los últimos domingos del mes, recorrer su mercadillo y disfrutar de la comida casera del Restaurante do Carmo. Aquí puedes esconderte del mundo en el Guesthouse Pedras Verdes. 

Algarve Nature Week



Uno de los mayores atractivos del Algarve es su naturaleza: las preciosas calas de agua verdosa, las islas de la Ría Formosa, los campos del Barrocal, los paisajes de la Sierra de Caldeirão, las grutas en el Atlántico, los humedales de la Ría Formosa, de Alvor o del Sapal en Castro Marim, los acantilados de Sagres o la ribera del Guadiana, entre otros muchos rincones. En mayo tienes la oportunidad de conocer lo mucho que da de sí el ecoturismo en esta región gracias a la Algarve Nature Week. Un evento que se repite tras el éxito de sus anteriores ediciones y que te ofrece, nada más y nada menos, que más de 100 experiencias ‘low cost’ entre el 5 y el 14 de mayo en toda la región.

Algarve Chefs Week 2016, una semana de alta cocina en el Algarve


Vuelve mayo y vuelve la Algarve Chefs Week: un desafio gastronómico para los chefs de los hoteles algarvios de cinco estrellas y una oferta sugerente y suculenta para los que nos gusta dejarnos sorprender en la mesa. Del 6 al 15 de mayo tienes doce razones más para visitar el Algarve, doce menús de alta cocina a un precio único de 30 euros inspirados en los productos genuinos de la región para degustar en los hoteles más exclusivos. 

Pastelería Tesouros da Serra en São Brás de Alportel


No hay destino más dulce que São Brás de Alportel. Aseguraría, sin constatación estadística oficial que lo corrobore, que esta localidad algarvia es la que más pastelerías con fabricación propia tiene por habitantes. En el folleto dedicado a Doçaria de la cámara municipal aparecen, nada más y nada menos, que hasta 13 productores locales de dulces regionales. Entre ellos está Fátima Galego, una maestra de la repostería, capaz de transformar lo básico en sublime.

Moncarapacho, el refugio rural del Algarve



Cuando alguien me pregunta por el mejor mercadillo del Algarve, no sé qué contestar. Son tantos, son tan diferentes. Cada uno de ellos merece una visita por algún motivo distinto. No hace mucho visitamos el de Moncarapacho, una localidad encantadora del Barrocal, escondida entre Tavira y Olhão, famosa por sus cerámicas y la excelencia de su aceite. Fue una mañana de domingo excepcional, de compras en aquellas largas calles de puestos, de cervezas, vino y queso para festejar el descubrimiento del nuevo mercado. El evento se repite el primer domingo de cada mes y llena de algarabía uno de los refugios rurales más tranquilos de la región.


El Algarve tiene una faceta rural con mucha magia, Moncarapacho es un buen ejemplo de ello. 


Este pueblo, oculto en muchas guías, se ubica por encima de Fuseta, poco antes de llegar a Olhão, elevado sobre el mar e inserto en un paraje precioso, rodeado de olivos, madroños, frutales, o el apreciado tomillo cabezudo.


La localidad está en un entorno idílico, entre bonitos campos donde te tropiezas con viejas norias de agua, lavaderos, puentes de piedra, o lagares como el de Monterosa, donde se produce uno de los doce mejores aceites de oliva extra del mundo. Una quinta que puedes visitar para probar y comprar el oro liquido monovarietal que consumen los grandes chefs y miembros de la realeza.


La zona está salpicada de hoteles rurales con gran encanto; refugios coquetos y tranquilos en medio del campo, entre caminos de tierraVila Monte, Monte da Lúa, Quinta dos Poetas, Quinta Pereiro, O Tartufo o el nuevo Jules Verne son algunos escondites perfectos para el turista que aspira a descansar, dormir o leer escuchando exclusivamente los sonidos del campo. Visitantes que buscan en el Algarve un retiro de tranquilidad, el aire puro de sus campos o la sintonía con las costumbres y los modos de vida de sus habitantes. 


Uno de los eventos sociales más importantes de esta localidad, después de su famoso carnaval o su feria de artesanía en el ecuador del verano, es el mercado del primer domingo de mes. 


Ese día, el sosiego de esta anciana aldea de vocación agrícola, la más antigua de Olhão, apreciada por sus higueras, olivos y vides, se llena de visitantes, de alegría, de algarabía; es como un día de fiesta.


En una estancia veraniega en Vila Monte nos cautivó este pequeño pueblo algarvio. Disfrutamos de la rica comida del restaurante António y de las suculentas parrilladas del restaurante Colibri

 

Nos recreamos del sonido de las campanas de su iglesia renacentista con un café matutino en su plaza; hicimos un excursión al Monte Figo o Cerro de São Miguel, un día donde las nubes no nos dejaron mucho disfrutar de una de las mejores panorámicas de toda la costa del Algarve; y nos llevamos de recuerdo algunas piezas de la afamada cerámica de su Olharia Moncarapachense.

  

Después de algún tiempo sin parar por aquí, volvimos a Moncarapacho a divertirnos ahora con su mercado y vaya si lo hicimos. 

 
Nada más entrar en la localidad, los viandantes por los arcenes de la carretera con numerosas bolsas y los coches aparcados en ambos lados nos anunciaban el día de mercado. Casi en frente de la gran Casa do Povo, donde el domingo hay tradición vespertina de ‘chás dançantes’ (la hora del té con actuaciones musicales y bailes), dejamos aparcado el coche para comenzar la aventura.


Nunca habíamos imaginado que Moncarapacho acogiera en torno a su cementerio uno de los mercados más extensos y variados de todo el Algarve, muy similar en extensión al de la cercana Estoi, que lo celebra una semana después.


Los puestos de churros rellenos, farturas, filhos y castañas abrían una larga calle de puestos de ropa, bolsos y zapatos.


La avenida principal, bajo un túnel de toldos, desembocaba en una especie de plaza, aglutinando a los vendedores de conservas, dulces, quesos y embutidos.


Entre ellos los productores locales mostraban también su mercancía recién cogida de la huerta, como los excelentes aguacates y los tomates rosados que compramos aquel día.





Y junto a ellos pequeños jardines improvisados en la calzada con macetas de plantas, frutales y flores de todos los colores.


También las expertas reposteras del lugar mostraban sus golosos bizcochos, estrellas algarvias, galletas…Provocaciones en las que siempre se acaba cayendo.  


Cada tenderete en sí es una sorpresa: algunos por las grandes ofertas en precios y productos y, otros, por la autenticidad de su oferta, con un muestrario de los productos más típicos del Algarve, como los higos, las almendras, el folar, el pan casero...



Como buen exponente de la Dieta Mediterránea, en el Algarve y en Moncarapacho, cualquier evento social va asociado a la comida y la bebida. La visita al mercado lleva implícita una parada en las numerosas carpas de comida instaladas junto al mismo campo.

 

Ese día las grandes parrillas no paran toda la mañana de asar pollo y 'bifanas', convirtiendo los extremos del mercado en un punto de convivencia de foráneos y visitantes en torno a una cerveza bien fría. 


A esa convivencia domincial también nos sumamos nosotros aquel día, festejando el reencuentro con Moncarapacho y el descubrimiento de su  mercado con un brindis y un rico queso en aquellas mesas improvisadas próximas a los olivos y naranjos.




En Moncarapacho nada está creado para el turista, todo es auténtico. Aquí no hay superficialidad ni esnobismo, lo que es, lo que hay, es lo que ves; y eso te hace experimentar sensaciones y vivencias que siendo comunes y corrientes son realmente sensibles y remueven tu sensibilidad. En esta tierra lo corriente y lo sencillo acaba haciéndose sublime para el visitante.