De la playa de Salgados a la cala de Evaristo





El Algarve nos está convirtiendo en aficionados caminantes, ya no hay viaje, ni excursión con amigos que no comience con un largo paseo por estas tierras. Algunas veces seguimos los senderos señalizados y otras, como el poeta, hacemos nuestro propio camino al andar. Así fue en nuestra última ocasión por la costa oeste de Albufeira, dejando nuestra estela junto al mar, desde Salgados a la cala de Evaristo.


Para mis hijos la playa de Salgados es la de las tortugas. Cuando eran pequeños veníamos hasta el pueblo de Pêra para bajar al pequeño lago junto a la arena, en el que se bañaban grandes tortugas. Entonces, la playa era casi salvaje y no se había levantado el gran complejo de hoteles y apartamentos de lujo, que han convertido Playa de Salgados y Playa Grande en uno de los destinos algarvios más exclusivos.


Es verdad que la playa ya no es ese entorno salvaje como hace años, pero para mí sigue siendo preciosa; un escenario privilegiado para largos paseos cerca del mar. Por eso, en la última escapada con nuestros amigos al Algarve elegimos como destino este punto, con el propósito inicial de realizar el sendero interpretativo de Praia Grande, que acabó convirtiéndose en un largo y precioso paseo desde Salgados hasta la cala de Evaristo.


Entre la playa de Galé y la populosa Armação de Pêra se extienden dos grandes playas:  la de Salgados y Praia Grande. Un extenso arenal, que poco tiene que ver con las pequeñas calas y grandes acantilados no muy lejanos de Albufeira y Porches.  Aquí el paisaje recupera la fisonomía de las grandes playas del sotavento. 


En medio de estas dos playas está la Laguna de Salgados, un entorno natural de alto valor ecológico, que en épocas de lluvia y marea alta acaba uniéndose al mar. Y junto a la laguna se abre una extensa zona de aparcamiento,  en el mismo punto donde comienza el Sendero de Interpretación de Praia Grande.


Aquí, donde mis hijos tiempo atrás se fotografiaban junto a las tortugas y se asomaban a ver la entrada y salida de aves, dejamos el coche con la intención de recorrer un sendero de 5,5 kilómetros que discurre desde la playa hasta la zona agrícola del pueblo de Pêra, pasando por la laguna, y combinando el paisaje costero y dunar, con el agrícola, de almendros, algarrobos e higueras.

Mientras nos preparábamos para comenzar la caminata,  David sugirió cambiar el sentido de la marcha, proponiendo caminar hacia la playa de Galé por las largas pasarelas de madera que se han construido para unir los hoteles con el mar, salvaguardando las dunas.


Y desde Galé pretendía sorprender a nuestros acompañantes con un paseo trepidante por las calas de Pedras Amarelas, Manuel Lourenço y Evaristo. Un tramo de la costa de Albufeira donde las rocas parecen haber sido teñidas de un suave amarillo.


La verdad es que no sólo conseguimos asombrar a nuestros amigos, sino también a nosotros mismos, que volvimos a impresionarnos con la belleza, la magia y el sosiego de las calas algarvias por un camino que, en algunos tramos, llega a ser arriesgado.


Fue un placer recorrer las pasarelas de madera de la playa de Salgados y sentarnos en alguno de sus bancos para observar desde lejos el pueblo pesquero de Armação de Pêra y un mar algo revuelto por el viento de Levante. 


Las pasarelas finalizan en la playa de Galé Oeste, desde donde puedes acceder a un coqueto chiringuito frente al mar y junto a la que algunos privilegiados conservan sus residencias vacacionales a un pie del agua.


Ya por un camino de asfalto, sin perder de vista el mar, a pocos metros está la cala de Galé Leste, en la que empiezan a aparecer las grandes piedras amarillas, tan características de esta zona de Albufeira y donde encuentras varios restaurantes.


Precisamente, en Galé, está una de las calas más carismáticas del Algarve, la conocida como Pedras Amarelas, el nombre de su chiringuito, uno de los espacios de comida y ambiente más especiales y chic del Algarve, al que llevamos a mi prima Gema para una elegante despedida de soltera en verano. 



Este rinconcito de Galé es realmente especial no sólo por su restaurante, sino también por el cobijo que dan sus grandes rocas en los extremos, resguardándote del viento y propiciando un cálido microclima durante todo el año. Aquí recuerdo baños hasta en el mes de noviembre. 


Subiendo por un camino de tierra desde Pedras Amarelas accedes a las calas del distinguido hotel Vila Joya, uno de los refugios de la jet internacional, marco de alguna que otra película, y con un restaurante galardonado con dos estrellas Michelín.



Desde aquí, hasta alcanzar la playa de Manuel Lourenço, el camino se llena de frondosos arbustos y pinares, bajo los que se esconden anónimas playitas, donde es fácil esconderse y desconectar del mundo; y en las que las rocas parecen haber sido esculpida por un virtuoso artista, adquiriendo formas realmente particulares.




El sendero de tierra que se ha ido marcando en esta parte de la costa por el paso de caminantes desembocó en la Playa de Manuel Lourenço, con su chiringuito resguardado en un extremo y, en el otro, sus piedras escalonadas, que, con las bajadas y subidas de marea, conforman diminutas piscinas naturales.




El tramo de Manuel Lourenço hasta la cala de Evaristo es el más complicado de recorrer, pero también uno de los más bonitos.


El terreno empieza subir, se presenta resbaladizo en algunos tramos  y las vistas de la costa desde lo alto son realmente sorprendentes. Igual de sorprendentes que las dos grandes mansiones construidas en lo más alto de la falesia con accesos a una pequeña playa que prácticamente privada. 


Algo más de tres kilómetros por la costa separan Salgados de la cala de Evaristo, la que debe su nombre a uno de los restaurantes más veteranos y afamados de Albufeira, ubicado aquí desde los años 80.  



En esta cala, a lo largo del verano, paran muchos yates y veleros para comer el deliciosos marisco y pescado de su parrilla en un salón inmaculado, luminosos y acogedor, abierto o cerrado al mar, según la temporada, por grandes cristaleras. 


En esta pintoresca cala algarvia, de agua transparentes y rocas singulares, habilitada siempre con todas la comodidades para recibir al visitante, pusimos aquel día el punto y final a nuestra caminata.


Y lo hicimos con una rica cerveza algunos, un café otros, y, como regalo de la casa, un zumo recién exprimidos de fresas para José María, que saboreamos pausadamente, disfrutando de cada segundo de aquel lugar tan especial frente al mar, en aquel día de aspecto otoñal, pero de temperatura veraniega; otro privilegio más del Algarve.

 

1 comentario:

  1. De nuevo, mil gracias, este post también nos ha servido de guía en esta caminata por las calas de Galé y alrededores. Y para descubrir esta infinita cantidad de calas y playitas escondidas... además ahora en julio con tan poca gente es un placer, se seinte uno como el hombre abandonado en la playa de Robert Louis Stevenson. Enghorabuena por el Blog !!!!

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