Playa de Lota, la revelación del verano




Desde la frontera hasta el comienzo de la Ría Formosa, el Algarve se funde con el Atlántico a través de un extenso litoral de color canela con cerca de 11 kilómetros de longitud. Un inmenso arenal que podrías recorrer a pie de un extremo a otro, atravesando diferentes localidades, y que ha quedado parcelado en varias playas, cada una de ellas con su propia personalidad: unas más salvajes y otras más urbanizadas; unas más tranquilas frente a otras más animadas; o unas más populares junto a otras más desconocidas o escondidas. Una de estas últimas playas es la de Lota, entre las más concurridas de Alagoa y Manta Rota. 



El descubrimiento es una necesidad vital para quien le gusta viajar, por ello las grandes empresas de viaje están, día sí y día también, enganchándonos con el anuncio de nuevos destinos. Según uno de los famosos buscadores de hoteles, este verano una de las playas emergentes o en tendencia, de esos tesoros pocos conocidos que se pondrán de moda, es Manta Rota, la playa de Vila Nova de Cacela. Aunque, curiosamente, el rincón más anónimo de toda Cacela es la playa de Lota, al extremo este de Manta Rota. 


Vila Nova de Cacela esa pequeña localidad en la N-125, muy cerca de la frontera, frecuentada por los españoles el tercer domingo de mes por su gran mercado, tiene uno de los litorales más maravillosos de todo el Algarve, una extensa franja de arena dorada, con aguas templadas, donde el bullicio no se conoce.


El pasado año, la Cámara Municipal inventó una marca turística para todo este tramo de costa denominado Praias de Cacela, creando además una gran pasadizo de madera sobre las dunas con el que puedes recorrer el extremo más al oeste de Manta Rota hasta la ribera do Alamo.



Las nuevas pasarelas de madera sacaron a la luz uno de esos rincones de la costa algarvia donde la población local supera a la turística, esas zonas que los algarvios consideran más suyas y frecuentan los días festivos para echar el día en familia con sombrilla, nevera, pero sin ruido.


Los que son de por aquí cuentan que esta playa fue siempre un enclave de barcos pesqueros, como Monte Gordo, de aquí salían y entraban los barcos a faenar y aquí se venía a comprar pescados a los marineros locales. Y de aquellos orígenes viene su nombre, Lota, que en castellano significa lonja.


Las nuevas infraestructuras en la playa le han hecho perder el aire salvaje que tenía antaño, pero no ha evitado que algunos barcos continúen anclados en su frágil arena, recordando sus orígenes pesqueros. 


Si durante años fue una gran desconocida, quizá fue por su acceso, algo enrevesado para el despistado turista. Pero llegar hasta aquí no es muy complicado si sigues al pie de la letra las señales. Sólo tienes que tomar la primera entrada a Manta Rota desde España, esa que alberga el almacén de frutas Fruosal, donde puedes tomar un zumo frente a un gran campo de margaritas, salpicado de higueras. 



Una vez en Manta Rota, un cartel te desvía hacia la izquierda y, tras atravesar nuevas urbanizaciones nacidas al amparo de la playa, encuentras la pasarela de acceso hacia el mar. 


De la primera imagen que recordamos de Lota hace muchos años, a la que presenta hoy hay una gran diferencia. Ahora la playa es más cómoda y accesible para todos, con un resort cercano el 'Praia da Lota', con servicios, atractivas hamacas y hasta un parque infantil para niños. 


La renovación ha llegado incluso hasta el restaurante Olimar, el chiringuito de la playa, que ha modernizado sus instalaciones, aunque siga conservando sus viejas mesas de piedra hacia el mar y la esencia de su carta, el pescado recién sacado del océano y pasado por las brasas. 



Junto al Olimar, la otra opción para comer pescado o tomar un menú ligero con ensaladas, sopas, bifanas o tostas es el restaurante-bar A Canoa, en la entrada misma de la playa. 


En un día de calor veraniego qué buscas en una playa, ¿un agua limpia y cristalina para bañarte?, ¿quizá una extensa playa para pasear o jugar? ¿un rincón sosegado para echar la siesta o perderte en la lectura?, ¿o unas ricas sardinas con una cerveza bien fría para saciar ese hambre que dan las vacaciones? Todo está en Lota, por eso no me extraña que sea un destino en alza, un paraíso en boga, aunque nos pese a algunos. 


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