Hotel Vila Galé Albacora: la memoria de la pesca del atún



Lo que fuera uno de los grandes poblados de pescadores de atún del Algarve es hoy un hotel, de esos pintorescos, que ofrecen algo más que una confortable estancia. Un establecimiento de la cadena Vila Galé en un enclave natural muy especial, Quatro Aguas en plena Ría Formosa, donde el río Gilão se abre paso al océano y separa las islas de Tavira y Cabanas. Desde la antigüedad, este lugar, hoy turístico, fue uno de los mayores centros de capturas de atún, y de aquel oficio artesanal todavía quedan muchas huellas que hoy os proponemos seguir.

Cuentan quienes saben bien de historia, que desde la antigüedad la costa algarvia fue prolifera en atunes, que ya en los mosaicos romanos de Milreu, en Estoi, fueron retratados estos codiciados peces; que los genoveses introdujeron este arte de pesca en el Algarve en el siglo XIV; y que en el siglo XIX una almadraba de pesca conseguía en esta región capturar 41.000 atunes, algunos de ellos de más de dos metros.
      


Pero eso ya es historia. Esta pesca artesanal desapareció del Algarve en los años 70 y de los dieciocho 'armação', donse se organizaba este tipo de pesca en el siglo XVIII, sólo llegaron a quedar seis a principios del siglo pasado, uno de ellos el Arraial Ferreira Neto, hoy hotel Vila Galé Albacora y sede del museo del atún en Tavira.



Visitamos el hotel la primera vez en el año 2003, entonces llevaba casi tres años abierto, después de una reforma que acabó convirtiendo este antiguo poblado en un alojamiento hotelero de gran encanto, donde se ha respetado con gran escrúpulo la estructura y arquitectura original del edificio, y en el que sigue vivo el recuerdo de ese arte de pesca, ideado por los fenicios.



La isla de Tavira, situada justo en frente del actual hotel, albergaba una antiguo arraial, el de Medo das Cascas, que se perdió por el efecto de los temporales, y para sustituirlo y albergar durante los meses de abril a septiembre a los pescadores y su familia se construyó en los años 40 el Arraial Ferreira Neto. Unas construcciones que también existieron en el sur de Andalucía y se conocían como 'chanca'.



En donde hoy se respira una gran tranquilidad paseando por sus jardines o tumbado en las hamacas de su plácida piscina, se vivía durante cuatro meses al año una intensa y frenética actividad, con la llegada de los marineros tras una dura lucha en el mar por acorralar y capturar unos atunes con 150 kilos de pesos.


Lo que llegó a ser este arraial y otros, como el de la playa do Barril, así como el significado y la trascendencia de esta pesca para la ciudad tavirense se reflejan en las fotografías, maquetas y documentos del Museo del Atún, situado en el hotel y que puede ser visitado por cualquier persona, sin necesidad de estar alojado.


El Museo recopila muchos objetos originales de la almadraba, da cuenta con antiguas fotografías del severo trabajo en esos laberintos de redes en el mar, donde el atún, que llegaba a estas aguas cálidas para reproducirse, acababa siendo atrapado en un entramado de mallas fijadas en el fondo con grandes anclas. 



Anclas que pueden verse a día de hoy en la playa do Barril en Santa Luzia de Tavira. 




En lo que era la antigua cooperativa del Arraial se muestran documentos históricos, maquetas de barco, una reproducción de la estructura de una almadraba e incluso la vestimenta de aquellos hombres y mujeres que aquí habitaron.




Un gran panel da cuenta de la evolución de esta pesca y de su declive y, con ello, del cierre de este almacén en 1972, cuando se capturó un solo atún.



Quien podría pensar entonces que esta gran instalación para el procesado del atún acabaría convirtiéndose treinta años más tardes en un acogedor y curioso hotel de 150 habitaciones.




Un alojamiento, que ha sido fiel a la memoria histórica, integrando en este poblado los servicios más modernos que puedas esperar de un hotel, como el spa, la piscina, el gimnasio, la piscina cubierta, el restaurante o la zona infantil, pero respetando la arquitectura, la esencia y los recuerdos.



En lo que era los 'quarteirões' -cuartos de aquellas familias de pescadores- estaba nuestra habitación las dos veces que hemos visitado este hotel. Una estancia amplia, de una sola planta, con una coqueta terraza trasera para disfrutar de los espléndidos jardines.





En el fondo de nuestra calle, y frente a la piscina, se ubica la capilla de Nossa Senhora do Carmo, a la que tanto debieron pedir protección estos hombres de mar,  y junto a ella la Escuela para sus hijos.



Muy cerca de la escuela está de una de las grandes puertas que salen hasta la orilla de la ría, donde una empresa de aventura, Formosamar, con sede en el hotel te ofrece la posibilidad de practicar deportes náuticos, de alquilar bicicletas, de hacer un tour por las salinas y de realizar un tour explicativo  de 45 minutos sobre la pesca de atún (precio 7 euros adultos y 3 euros niños de más de 5 años).


El hotel Vila Galé Albacora también brinda a sus huéspedes un servicio de pago (3 euros ida y vuelta) para transportarte en barco hasta la isla de Tavira. Una de las puertas de sus largos pasillos laterales da salida, por un lado hacia la piscina y por otro un embarcadero propio.




Para mí, sin lugar a dudas, el mayor lujo que ofrece Albacora es el paraíso natural donde se levanta. Aquí hay una estampa de la Ría Formosa que te deja encandilado .







Aquí puedes realizar uno de los más bellos paseos del Algarve, entre salinas, la desembocadura del río, la marisma y el mar al fondo en las playas paradisíacas de Cabanas y la Isla de Tavira.


Desde el Centro Comercial ‘Plaza de Tavira’ tienes un itinerario de 2,5 kilómetros que atraviesa las salinas, en la que a veces puedes ser testigo de las labores de sus trabajadores en la extracción de la sal.


Tras pasar las salinas se divisa ya el Forte do Rato, una vieja construcción defensiva del siglo XVI,  rodeada de una vegetación exuberante y a un paso del agua, frente a la isla misma de Tavira.


Quatro Aguas es una espacio realmente especial de Tavira, un lugar que debe aparecer en cualquier guía del Sotavento, por la exultante belleza de su paisaje y también por el recuerdo de aquellos hombres valientes, que con su trabajo hicieron esta ciudad más próspera en el pasado. 



De los viajes se regresa siempre con recuerdos, pero esta vez además volví a casa con la curiosidad de saber más sobre aquella vida en las pescarías. Y buscando me topé con esta sorpresa en el blog algarvehistoriacultura; una película grabada en 1968 en el Arraial por el realizador Hélder Mendes. ¡Esto sí que es un gran recuerdo!




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2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, muy curioso. Me han entrado ganas de conocerlo!! Un saludo

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    1. Gracias Xus, es realmente original y el enclave natural en el que está es único, un saludo

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