El encanto de Querença





Aunque la mayoría lo desconozca en el Algarve también hay sierra y en ella precisamente se esconden algunas de las aldeas más bonitas y auténticas de toda la región. Ahora que se acerca el invierno nos toca dar el salto desde el mar a la montaña para descubrir, pasear y disfrutar de los ambientes más auténticos y puros. Se abre la temporada de subir a la Sierra y al Barrocal y hemos empezado por Querença.



Muy cerca de Loulé, a unos 15 kilómetros, está una de las aldeas mejor conservada de todo Portugal; se trata de Querença, conocida en toda la región por su Fiesta de los Chorizos, la que convierte en enero su plaza en gran asador de sus excelentes embutidos, bajo la mirada de su santo, San Luis. Curiosamente a San Luis se le atribuye el título de protector de los animales y, al mismo, los habitantes de estas tierras le piden que cuide a sus cerdos para que acaben convertidos en un excelente manjar familiar. Lo que no deja de ser una situación embarazosa para el santo protector.


El sentido mismo de esta fiesta pone en evidencia la autenticidad de estas aldeas, en las que la vida discurre alejada del estridente ruido mundano y mediático. En Querença, como en Tôr, Salir, Alté, Benafim o Ameixal, las otras aldeas louletanas, impera la buena sintonía del campo y las normas de la tradición, por eso son tan sumamente atrayentes y por eso acaban embaucando a quienes la pisan, buscando la desintoxicación.


Nos fuimos a pasear por Querença uno de estos días otoñales, en el que las nubes parecen disputar una carrera, tapando con su paso y en ocasiones el sol y dejando también como rastro algunas gotas de lluvias, no muchas, pero si las suficientes para despertar ese olor a tierra húmeda tan apetecible en el campo. 


La amenaza de lluvia desbarató nuestro primer plan de la mañana: un paseo por la Fonte da Benémola, un paraje natural protegido de 390 hectáreas, realmente bonito, que habíamos conocido un verano, y al que teníamos ganas de volver, para realizar el sendero señalizado de algo más de 4,5 kilómetros en el entorno de la ribera de Menalva, con más de 300 tipos de especies de plantas y 100 de aves. El paraje entre Querença y Tôr es tan bonito, que se rumorea que la cantante Madonna quiso establecer aquí una de sus residencias de descanso comprando la finca Quinta da Ombria.



Fracasado el plan 'A' en la Fonte da Benémola, improvisamos sobre la marcha un plan 'B'; un café a cubierto en la terraza del bar del pueblo, disfrutando de una preciosa y sosegada panorámica de toda la plaza y de su iglesia.


Querença en sí es una pequeña joya encima de una gran montaña. Algunos dicen que su nombre deriva de lo que se deja querer nada más conocerla. La verdad es que las cuatro calles del pueblo, porque no hay más, parecen haber sido prefabricadas para conformar el escenario de una bella película costumbrista.


Todo está perfectamente conservado, recuperado y limpio. En cualquier rincón encuentras un detalle, un azulejo o una fotografía que le confiere al lugar una identidad muy particular y atrayente.



La 'joya de la corona' del pueblo es la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, uno de los templos más antiguos de estas tierras, que se remonta a una pequeña ermita del siglo XVI. Una edificación sencilla, que se ha ido enriqueciendo y transformando con los años, y que, según dicen los folletos, es un exponente del estilo manuelino.


La remodelación del pueblo en los últimos años a través del Proyecto Querença para la recuperación y revitalización de las zonas rurales abandonadas del Algarve a cargo de jóvenes universitarios, ha transformado completamente su imagen y fisonomía y le ha dado un mayor protagonismo a su patrimonio. Es como si todo se hubiera enaltecido después de esta intervención.


El proyecto también ha creado un importante dinamismo entre los artesanos y productores de estos campos que, desde hace cinco años, han convertido esta bonita plaza en un animado mercado los últimos domingo de cada mes. Un mercado que vuelve este mes de noviembre con novedades y con un calendario diferente, seguro que para sorprendernos.


La lluvia nos dio una tregua para pasear por el pueblo; para curiosear las fotografías antiguas expuestas junto a la cruz; incluso para acercarnos al campo santo.





Paramos también en el restaurante Querença, en el centro del pueblo, famoso por su buena y tradicional cocina, pero no había muchas ganas aún de comer; así que queda pendiente volver para probar ese gallo con garbanzos y el conejo guisado.






Como las perspectivas meteorológicas fueron mejorando y continuaban las ganas de paseo; bajamos caminando para buscar una salida al campo hasta la Fundación Manuel Viegas Guerreiro, con las coloridas vacas en la puerta. La Fundación, que lleva el nombre del famoso profesor y etnólogo nacido en esta aldea, es un centro cultural desde el que se promueve la cultura algarvia.




Desde la puerta del restaurante Tasquinha do Lagar, frente a la Fundación, tomamos un camino de tierra y nos adentramos por un campo intensamente verde aquel día, que contrastaba con el gris plomizo del cielo, y plagado de olivos, madroños y almendros. 


Seguímos la dirección hacia la Fonte da Soalheira. Querença se ubica en la Ruta del Agua, un camino de 130 kilómetros promovido por la Vía Algarviana, que discurre por el municipio de Loulé, donde se estima que existen más de 130 fuentes de agua entre sus aldeas.



Después del paseo se despertó el apetito e intentamos comer en Tasquinha do Lagar, un restaurante de cocina tradicional con acogedor salón de madera, donde las vistas son privilegidas. Sin embargo, no pudo ser, aunque será pronto; el local acogía la comida de un grupo de excursionistas de buggys, una actividad que ofrece una empresa local por la zona rural de Loulé con gran éxito. 


Pusimos tanta insistencia en comer en Tasquinha, que sus amables regentes incluso nos propusieron unirnos al menú preparado para sus invitados, pero, para no ser groseros, nos comprometimos a volver en diciembre, cuando reabren tras sus vacaciones.


El almuerzo de aquella visita a Querença terminó siendo en la carretera hacia Loulé; en Beira Serra. Un bar modesto, desapercibido, pero repleto de coches en la entrada y de comensales en su coqueta terraza con mesas de azulejos; lo que siempre es un buen síntoma de lo que se cuece dentro.



¡Acertamos! Encontramos atento servicio, buen ambiente y rica comida tradicional, entre la que se incluye pescados frescos de la costa asados sobre la marcha en la barbacoa de la terraza. 




No nos quedaba otra que probar uno de los platos más emblemáticos del Algarve, el xarém con bergigão (aunque también en Olhão está la versión con coquinas); una especia de puré realizado con sémola de maíz y acompañado de bivalvos, al que le sumamos un pescado asado con patatas y ensalada.


Y, para el postres, un esponjoso bolo, o bizcocho, con miel de la zona con un café (12 euros por persona). Terminamos el día paseando por Loulé, donde por fin apareció el sol , aunque sólo fuera para despedirse. 



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