Casa de Pasto Fernanda e Campinas y la açorda de galinha




Una de nuestras seguidoras en Instagram nos animó este verano a visitar la Casa de Pasto Fernanda e Campina, eso sí, cuando ya hiciera algo de frío, para poder disfrutar de la mejor açorda de galinha de todo el Algarve. No es que la temperatura haya bajado mucho, pero algunos grados han sido suficientes para buscar en el mapa la aldea de Corte António Martins, pasear por sus campos, y disfrutar de lo lindo de un guiso impresionante que merece la excursión.

Soy de las que piensa que el exceso de sofisticación en la cocina y el boom de la creatividad han acabado convirtiendo la comida para pobres en un manjar muy deseado para ricos, y para el resto. Y dentro de esos manjares humildes, en Portugal está la açorda, un plato con muchas modalidades, tantas como regiones o ciudades, como la de un pan relleno con su propia miga, bacalao o gambas o una sopa repleta de rebanadas de pan. Açorda viene a ser sinónimo de cocina con pan, con ese pan tan rico y suculento que tienen los portugueses, un modo de aprovechar el pan duro del día anterior.


Aunque la mayoría de los turistas lo desconozca uno de los platos más tradicionales del recetario algarvio, de sus pueblos de interior, es la Açorda de Galinha, un guiso con garbanzos, ajo, cebolla, zanahoria, trozos de gallina, yerbabuena y culantro.  Un cocido riquísimo que en Casa Fernanda adquiere la excelencia. 


Tanto es así que los fines de semana la carretera que sube de Vila Nova de Cacela al exclusivo campo de golf Monte Rei y desde allí a la aldea de Corte António Martins se llena de peregrinos hasta este lugar de culto gastronómico, en el que, sin reserva previa, es difícil sentarte a comer en su salón o terraza.


Para asegurarnos la mesa, aquella mañana de domingo nos dirigimos bien temprano a nuestro destino. Encargamos la açorda con tiempo y mientras llegaba la hora de sentarnos a la mesa, decidimos pasear por un lugar desconocido para nosotros en lo más alto del Algarve, con unas preciosas vistas del océano en un ambiente rural.



Mientras el guiso se hacía y se quedaba libre alguna mesa para acogernos, nos fuimos de excursión con los niños adentrándonos en el  sendero señalizado de Boa Vista, que discurre a lo largo de 10 kilómetros por estas tierras, ofreciendo unas panorámicas preciosas que alcanzan la costa española. 


A la hora prevista, y con todos los salones repletos de comensales, nos dirigimos al restaurante a esperar nuestro encargo. Y mientras disfrutábamos de las entradas algarvias, también lo hacíamos con el paseo de gigantes y apetitosas bandejas de barro que se servían en las mesas vecinas con otras especialidades de la casa, como la cabileda de gallina, el cabrito al horno o el conejo.




A las aceitunas, que siempre están tan ricas por aquí, al paté y a la mantequilla unimos un plato de queso seco con mermelada casera (3 euros), un antojo de Jaime, adicto a estos queijinhos que se acabó en un santiamén y que desde ese día repite todos los días en casa a la hora del almuerzo para abrir boca.


El restaurante es una empresa familiar, como nos contó su dueño, el señor Campina, que en un rincón de la terraza se hacía cargo de la barbacoa, a la vez que bromeaba con los cazadores de la zona y saludaba los comensales. Dentro, en la cocina, Fernanda, su mujer, se encargaba de los guisos y el resto de la familia de atender las mesas con una gran celeridad y mucha simpatía. 


El pollo que pidió Jaime, recién grelhado a nuestro lado por el señor Campina, y acompañado por patatas (6 euros), obtuvo todos los halagos que una buena comida puede tener de mi hijo. La mejor prueba de su aceptación fue que sólo quedaron los huesos. 


Y la açorda de galinha para los dos (22 euros), ese gran guiso en un cuenco de barro con más de tres raciones para cada uno, superó todas nuestras expectativas. Realmente espectacular como nos prometió nuestra amiga y más aún acompañada con una jarra de vino de la casa (3 euros).



Para rematar la faena el restaurante tiene una larga lista de postres caseros (3 euros), de ellos elegimos en esta ocasión una tarta de limón con merengue, estupenda para terminar el vino. La Casa Fernanda en ese pequeño pueblo de Corte António Martins fue otro gran descubrimiento en el Algarve, el de una cocina simple, pero a la vez sublime, de esas que siempre se recuerdan.

DATOS DE INTERÉS:

-Está ubicado en la aldea de Corte António Martins, pasando el pueblo de Vila Nova de Cacela o la aldea de Santa Rita, dirección Monte Rei Golf, en la carretera EM509.  Cierra los miércoles. Abre almuerzos hasta las 15.00 horas y cenas hasta las 23.30 horas. 

-Aceptan tarjetas y también reservas. Se recomienda reservar. 

-El precio está en unos 15 euros por persona.


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