Un crucero por el delicioso Guadiana

NATURALEZA



Una de las mayores atracciones en el Algarve son los paseos en barco, pero dentro de estas rutas sobre el agua hay una muy especial y diferente, la que te pasea por el río Guadiana y te adentra en su territorio más desconocido, tranquilo y singular. Un viaje de contrastes que aconsejo a quien quiera llevarse de sus vacaciones una experiencia inolvidable de esas que dibujan sonrisas en el recuerdo.



No podía imaginar que me iba a divertir tanto en un crucero fluvial por el río Guadiana. Tenía una enorme curiosidad por conocer el territorio del Guadiana desde esta perspectiva, situada en la línea misma de la frontera, en esa raya imaginaria bajo las aguas que separa y también une Portugal y España. Quería conocer desde esta posición privilegiada el perfil de sus dos orillas, quería sentir y oir la voz de ese Guadiana delicioso de Saramago y por fin lo hice.


A las 9.30 horas ya estaba preparada para mi aventura en el puerto de Vila Real de Santo António, desde donde todos los martes, jueves y domingo parte un crucero de la compañía Transguadiana río arriba, a partir de las 10.00 horas y con regreso a las 17.00 horas (horario local).


Allí estaba Nélia, el alma mater de la compañía, y el resto de la tripulación, dando la bienvenida a los viajeros de diferentes nacionalidades y ayudándonos a acomodarnos en los distintos espacios del barco antes de emprender el viaje por ese tramo final del Guadiana; ese cauce navegable desde Mértola a Vila Real de Santo António, un espejo que retrata los paisajes y vida de las dos riberas, de los dos países.


Quería verlo todo, fotografiar las ciudades y los paisajes desde el agua y me situé en la proa y más tarde en lo más alto del barco, en esa terraza con una panorámica privilegiada, donde algunos se tumbaban a tomar el sol. Aunque también hubo otros que prefirieron protegerse del viento matinal de aquel día en el interior del barco con un café caliente del bar.


Sonó la sirena y el barco partió rumbo hacia la desembocadura del Guadiana. Paradójicamente el viaje comenzó donde termina el río, en esa ‘foz ‘, desde la que parten las extensas y afamadas playas de Vila Real de Santo António.


Nos acercamos al mar hasta el espigón para cambiar después el sentido de viaje y empezar la subida del río Guadiana, pendientes de las explicaciones en diferentes idiomas que la simpática tripulación ofrecía por megafonía sobre los atractivos turísticos y las particularidades de Vila Real de Santo António, Ayamonte y Castro Marin, las tres localidades a un margen y otro del cauce.


Pasamos la Reserva Natural del Sapal de Castro Marim, uno de los mejores observatorios de aves del país plagado de salinas artesanales, y franqueamos el Puente Internacional del Guadiana, esa obra arquitectónica que estrechó las relaciones por aquí y que susurra con el movimiento de sus cuerdas metálicas al navegante cuando lo traspasa.


Y continuamos el viaje por un escenario de riberas verdes y deshabitadas, donde pastan las cabras junto a su pastor, donde pasean salvajes los caballos, donde envejecen las torres vigías del contrabando de otros tiempos, donde algunas casas salpicadas de huertos quedan en el olvido de sus dueños.


A las 12.30 horas nos bajamos del puerto en el pequeño embarcadero de Foz de Odeleite, esa aldea a la que hace varios años sólo se podía acceder por una pequeña barcaza conducida por una mujer que cruzaba remando la desembocadura del río Odeleite al Guadiana.


En Foz nos espera de nuevo nuestra anfitriona y la tripulación abandonaba barco para acompañarnos por una pequeña ruta por una de las aldeas más auténticas del Algarve interior, de la que parten preciosos senderos hacia Odeleite y Alcoutim.


En lo más alto de Foz de Odeleite, entre viejas casas y preciosas chimeneas, tienes algunas de las panorámicas más deslumbrantes del río. Y desde aquí arriba, la otra orilla, la parte española, parece poder tocarse con sólo estirar el brazo.


En estas calles de piedra de una aldea hoy casi deshabitada, con tan solo 16 personas viviendo de las 600 que hubo en su época más gloriosa, está la Quesería Artesanal de la familia João Ribeiro, y allí estaban el pastor y su mujer para ofrecernos sus deliciosos quesos.


Visitamos luego la casa del presidente de la freguesia, que nos invitó a ‘apanhar’ los limones de su huerta junto a un viejo pozo y nos dio la bienvenida a su pueblo con un mini concierto de armónica.


Y terminó nuestro paseo en la Casa das Buganvílias, una casa en la que Nélida ofrece a los cruceristas un almuerzo muy particular disfrutando del encanto de su piscina junto al río.


En la puerta de la quinta estaban los todoterrenos que traían hasta aquí a nuevo integrantes a nuestro grupo, los que prefirieron hacer la excursión en jeep por el Sapal de Castro Marim y Vila Real de Santo António y volver en barco tras el almuerzo.


Comenzó entonces la parte más divertida y entrañable de esta historia, la que tanto nos gusta a los mediterráneos, la de la convivencia en torno a una rica comida, el vino y la música. Aquel almuerzo se acabó transformado en una fiesta simpática e inolvidable para todos, donde Nélia demostró sus excelentes artes como anfitriona.


Llegaron las ricas sardinas asadas con una enorme ensalada y jarros de vino tinto, blanco y sangría. Y entre sardinas y copas, empezamos a derribar fronteras con los comensales de las distintas nacionalidades de la mesa.


Cuando estábamos esperando el segundo plato, el pollo asado en la barbacoa con salsa piri piri, Nélia y sus acompañantes al acordeón y la armónica nos invitaron al primer baile para bajar la comida, repartiendo instrumentos muy dispares entre todos los comensales. Arrancó entonces una gran fiesta, que se repitió entre plato y plato, con las canciones más emblemáticas de cada país.


Después del postre, tocó una mini versión de ‘Eurovisión’, nuestra anfitriona sacó entonces el micrófono y asignó temas musicales entres las diferentes mesas. A algunos les tocó 'Una casa portuguesa' a otros 'La vie en rose' y allí estaba yo cantando Francisco Alegre a lo Paquita Reina improvisando la letra, pero dejando el pabellón de mi país muy alto. El almuerzo y la fiesta culminó con un baile colectivo, el de los ‘pajaritos’; no podía ser otro estando allí un acordeonista.


Tocaba ahora la vuelta atrás, embarcar de nuevo en el barco y aprovechar la deliciosa travesía por el río, unos para echar la siesta y otros para continuar con el ambiente festivo de aquel almuerzo antes de nuestra llegada a Vila Real de Santo António navegando por ese 'regazo pacífico' que este tramo es el Guadiana. 


DATOS DE INTERÉS: 

-La empresa Transguadiana oferta los martes, jueves y domingos el crucero Río y Montaña, que parte a las 10.00 horas del puerto de Vila Real de Santo António e incluye la travesía en barco hasta Foz de Odeleite, un paseo por la aldea, almuerzo con bebidas animado con música y fiesta en la piscina y vuelta en barco a Vila Real de Santo António. El precio de la experiencia 'Río y Montaña' es de 48 euros para adultos con todo incluido (excluidas bebidas en barco).

-Se ofrecen además otras experiencias turísticas combinadas con barco, como paseo en jeep por la zona rural y vuelta en barco, o fiestas al atardecer en el barco durante el verano. Cabe también la posibilidad de alquilar el barco y la Casa das Buganvílias para celebraciones especiales o encuentros. PINCHA AQUÍ PARA RESERVAR.

-Este año tienes además la oportunidad de elegir entre tres paquetes turísticos de 3 o 6 días que incluyen este paseo en barco, rutas de senderos guiadas, estancia en hoteles con encanto y visita a las ciudades y lugares más emblemáticos de la zona del Guadiana. PINCHA AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN Y RESERVAS

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