La isla de Armona



Hay playas en el Algarve donde tengo la impresión de que el mar es una continuidad del cielo; en la que la línea del horizonte se borra quizá con la intención de demostrarnos que estamos ante una prolongación del paraíso. Una de estas playas es Armona, la isla de aspecto tropical de Olhão con una playa hacia el Atlántico y otra hacia la Ría Formosa.



Faltan sinónimos de la palabra belleza para poder describir cada uno de los rincones de Armona sin ser repetitivos. Y no encuentro tampoco suficientes expresiones para dar cuenta fidedigna de su autenticidad, quizá por eso haya tardado más en escribir sobre ella o quizá porque piense que desvelando su secreto pueda también romper el hechizo que produce este lugar. 





Cuando mi prima Luisa cambió sus vacaciones en Menorca por el Algarve nos propusimos sorprenderla con algo muy especial en su primera visita y para ello organizamos un picnic en la playa isla de Armona cuando la bajada de la marea originaba piscinas naturales entre islotes de arena dorada. Fue un día memorable para todos, de baños interminables, de querer atrapar el tiempo y así evitar el ferry de vuelta. Desde aquel verano ella sigue veraneando en el Algarve. 




Armona es un destino que no te puede dejar indiferente, sobre todo si buscas desconectar del mundo en una playa virgen,  ocupando la agenda diaria en mirar el azul del océano, en pasear por las dunas coloridas por las flores silvestres, en nadar en aguas transparentes, en saborear su rico pescado asado en las barbacoas o en despedir el sol al brindis de una capirinha. 






Llegar a Armona es una pequeña y divertida aventura desde Olhão, que sobre todo encanta a los niños. En el puerto encuentras un servicio de ferry continuo a la isla, a cargo del barco Rio Guadiana que funciona todo el año, claro que con más frecuencias en la idas y venidas durante julio y agosto (1.85 euros ida). 





Para los rezagados como nosotros, que acabamos perdiendo el barco la última vez entretenidos con las compras en el mercado de Olhão, está disponible un servicio continuo de taxi (24 euros para cinco personas el trayecto y 4 euros más por persona añadida). 



El viaje de unos veinte minutos en ferry y unos diez en taxi te permite disfrutar de la belleza de la Ría Formosa,  ver a lo lejos el pantanal natural donde amarran los barcos en  la isla de Culatra  y bordear, por el otro lado, el parque natural de Ludo con su viejo puente y el molino mareal.



La llegada al puerto de Armona es uno de los momentos más genuinos que puedes vivir en el Algarve. El bullicio del embarcadero y el ambiente continuo de los bares y de los restaurantes colindantes contrastan con el sosiego del resto de la isla. 



El puerto concentra la vida social y comercial de Armona; un continuo trasiego de gentes que suben y bajan a los barcos; que abarrotan las terrazas de bares y cafeterías a la espera de la partida con un café da mañana o los caracoles y cerveza de mitad de la tarde.



A uno y otro lado del atracadero, junto a los barcos, está la playa de la Ría de Armona que este año luce bandera azul por primera vez.  Una marina en la que es inevitable el baño en esas tardes calurosas de verano, antes de subir al ferry.





Aquí, el viejo muelle sirve de trampolín para los saltos de los jóvenes más atrevidos. Piruetas acrobáticas en el aire que te mantienen entretenido en la cola hacia el barco.



La otra playa de Armona, la que se abre al Atlántico,  está justo al otro lado de la isla y para llegar hasta ella tienes que disfrutar de un paseo de algo más de un kilómetro.



Y digo disfrutar porque el paseo te invita a recrearte con detalles únicos y pintorescos de este lugar: la fisonomía de sus pequeñas casas de pescadores, la exultante belleza de las flores en cada rincón, la decoración de los porches de las viviendas, el diseño de las chimeneas, los jardines con flores autóctonas, los barcos olvidados en la arena…






En medio del itinerario, aromatizado casi todo el día con el olor de las sardinas asadas, encuentras el camping de la isla, con sus coquetas casitas prefabricadas, y un poco más adelante la sede de King Chamaeleon, una empresa de turismo activo en la que puedes contratar diferentes excursiones en barco. 





Antes de llegar al acceso a la playa está el Café de Convivencia de Armona, una buena elección para comer pescado asado y también un mini mercado con un poco de todo. 




Allí, nos hicimos con una cerveza con la que acompañar las ricas aceitunas del mercado de Olhão, haciendo una parada en uno de los bancos del paseo, antes de afrontar el último tramo hacia la playa. 



Este año en el acceso a la playa de Armona ha abierto sus puertas el bar-restaurante Santo António, la opción más cercana para comer a pie de playa con una extensa carta de pescados, carnes y también de platos más frescos y divertidos. 



Para acercarte al mar tienes que atravesar una gran pasarela de madera que sobrevuela las dunas coloridas de flores malvas. 




Un puente que al oeste desemboca en la parte de la isla más cercana hacia Culatra, donde las bajadas y subidas de marea provocan violentas corrientes de agua, a veces con cierto peligro. 



Por aquí se divisan las idas y venidas de los barcos a la mayor estructura de producción de bivalvos de toda la península; una superficie de más de mil hectáreas a mar abierto y 1,8 kilómetros donde se crían de manera sostenible mejillones y ostras, hasta 18 toneladas de estos ricos moluscos se extraen en 8 horas. 



Hacia el oeste, el camino de madera desemboca en una inmensa playa que se extiende hasta Fuseta, donde puedes encontrar retiros solitarios para esconderte del mundo.




Para los que siempre quieren tener algo a mano, como una rica sangría de frutos rojos, una cerveza bien fría o unas tostas con la que aplacar el hambre de los largos paseos, está el agradable chiringuito con sus mesas en la arena y con hamacas y sombrillas frente al Atlántico. 





Sentir el abrazo del mar en Armona es único; esa caricia agradable en verano de un agua cristalina y refrescante. Yo siempre digo que a esta playa hay que venir a bañarse, a divertirse en las piscinas e islas que conforma la marea al subir y bajar, a nadar junto a bancadas de peces. 



Desde Armona a Olhão hay un viaje de minutos, pero la sensación es que en este trayecto has cambiado de continente. 




Nunca he estado en Brasil, pero esta isla me suena a bossa nova, para describirla pediría prestado a Tom Jobim aquella letra de la canción que habla de  "vida bela, praia branca, mar sem fim, vento sul que o seu corpo acarinhou, barco a vela, a maré, peixe do mar, sem tempo para pensar".



Armona es el lugar con tiempo sin tiempo, donde el reloj se para y donde todo tiene una belleza natural.



Este entrada va dedicada a Paulo Cruz por su fidelidad al blog y su invitación a escribir sobre la Isla de Armona.

4 comentarios:

  1. Se parece mucho a la isla de Tavira, que también es preciosa y es de este tipo. Me ha gustado mucho, sin duda iré

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  2. ILHA DA ARMONA EU CRESCI COM ELA ME VIU NASCER , ELA É LINDA ,TRANQUILA . VENHAM NOS VISITAR.

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  3. La isla de mi infancia. Cuántos recuerdos! Volver allí siempre me llena de ilusión, casi infantil. Es mágica esta isla

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