La playa de Faro




Faro es la capital y el municipio más importante del Algarve, sin embargo para el turista sigue guardando muchos secretos. Uno de esos secretos es su playa, un maravilloso arenal en la península de Ancão muy frecuentado por los farenses, pero que desconocen la mayoría de los visitantes de fuera. ¿Pero la ciudad de Faro tiene playa? Me preguntaba una amiga hace unos días. ¡Claro! Tiene una playa preciosa, en el Parque de la Ría Formosa, uno de esos lugares entrañables para el veraneo familiar y en la que siempre hay novedades.


Cuando se acerca el verano empiezan a aparecer los rankings de las playas del Algarve; es una rutina que no falla. Listas de las más bonitas, las solitarias, las de surf, las más adecuadas para niños, las accesibles, las naturales, las divertidas o las que no te puedes perder. En cualquiera de estas listas, y con conocimiento de causa, reivindico la inclusión de la playa de Faro, porque cumple con los requisitos para aparecer en todas ellas. 




Al territorio de Faro pertenecen la isla de Farol y Culatra y la isla Deserta, lugares paradisíacos a los que sólo puedes llegar en barco desde el puerto de la capital o el de Olhão. 




Pero, además, la ciudad tiene una playa a escasos kilómetros de su centro histórico; es la playa que lleva su nombre, escondida tras la pista de aterrizaje del aeropuerto y uno de los entornos naturales con mayor valor ecológico: la Ría Formosa y la Mata de Ludo





El arenal ocupa el extremo de la península de Ancão, un cordón que, a un lado, tiene el Atlántico; al otro, la Ría Formosa y, en medio, a los dos lados de la única carretera que recorre la playa, pintorescas casas de pescadores, algunas reconvertidas como residencias de vacaciones.


Si bonita es la vista hacia el mar, no menos lo es la panorámica desde el otro lado de la fina península, a la orilla de la Ría Formosa, con una ciudad de Faro diminuta en la lejanía.


Para llegar hasta la playa tienes dos alternativas: un barco desde el puerto de Faro (3 euros ida y vuelta) o con el coche, cruzando un estrecho puente que atraviesa la Ría Formosa, después de pasar la pista del aeropuerto, que desemboca en una gran zona de aparcamientos en la plaza de central. Aquí, la escultura de una gran moto recuerda la afición al motociclismo de esta ciudad, que acoge cada año uno de los mayores encuentros.


El pasado año la playa estrenó un nuevo acceso para peatones y bicis; una pasarela de madera que parte de una gran zona de aparcamiento que se ha abierto antes del puente, con el objetivo de no masificar la playa de vehículos; y que brinda un paseo precioso por encima de la Ría, con paradas incluidas para ver las aves sobre diminutos barcos.



El último día que estuvimos en la playa de Faro para conocer la pasarela, aquel que mi hijo batió récord de permanencia en el agua jugando con las olas, pensaba cuál podría ser el mejor calificativo que describiera este lugar. 


Jaime que es recurrente en estas cosas, me dijo que la llamara 'Avô', abuelo en portugués. La verdad es que la ocurrencia no era descabellada, aquel domingo la palabra que más escuchamos en aquella playa fue la de abuelo.




La playa de Faro tiene muchos matices, pero sin duda sobresale ese ambiente familiar que te recuerda aquel tiempo perdido y maravilloso de la infancia, aquellos días de descubrimiento del mar y la playa de la mano de mi abuelo, de aprender a hacer castillos bajo el magisterio de mi padre, o de ‘robarle’ a la abuela un trozo de aquella tortilla protegida en la fresquera portátil de flores.



Faro conserva, sobre todo los domingos del verano, una atmósfera popular entrañable; donde las familias desembarcan en la playa para disfrutar de baños en unas aguas que casi siempre son cálidas y seguras; para echar un buen día de convivencia, sin enturbiar con su recreo el descanso y sosiego del resto.



Pero esta playa tiene además otros rasgos que la hacen muy atractiva. Uno de ellos está en el extremo más al este de la península, donde ya finaliza la carretera y sólo quedan algunas construcciones de pescadores.


A partir de aquí se extiende el tramo conocido como playa de Barrinha, uno de esos refugios solitarios que todavía quedan en el Algarve, libre de aglomeraciones, donde el sonido de las gaviotas y de las olas al romper ponen la sintonía.


Pero hay más, la playa de Faro también posee un matiz surfero y para confirmarlo hace dos años el mejor surfista del mundo, el hawaiano Garrett McNamara, el hombre que sobrevoló la gigantesca ola de 30 metros en Nazaré, ofreció en el Club Surf de Faro una clase magistral.





En esta playa el deporte siempre está presente, no sólo con el surf, también con las actividades, sobre todo náuticas, que durante todo el año ofrece el Complejo Deportivo Municipal junto a la ría, como los paseos en kayaks hasta Quinta do Lago.





Como ocurre a menudo en el Algarve, en la playa de Faro convive lo más chic e innovador con lo castizo y tradicional.




El estilo lo ponen lugares como el Beach Club del hotel Faro, donde puedes hacer comidas informales a pie de playa o disfrutar de un desayuno continental cuando empieza a subir el sol; o el restaurante bar Elementos en el centro náutico con música en directo los fines de semana, al caer la tarde.




Y, sobre todo, el Wax RestoBar, uno nuestros lugares favoritos, que ha sido este año reformado y que ha abierto además un coqueto hostel y una zona propia de sombrillas y hamacas en la playa. 


Wax , muy cercano a la plaza central de la playa, es uno de esos sitios especiales y únicos. Lo es por muchas razones, entre ellas por su estupenda decoración, agradable, moderna, cálida, estratégica para aprovechar los días de playa, tanto en verano en su gran terraza o patio, como en invierno, frente a su chimenea. 




Wax ha elaborado además una de esas cartas eclécticas perfectas para ir en familia, donde se combinan deliciosas y gigantescas hamburguesas (6,50) y tostas (5,70) con pastas, pizzas, ricas almejas (10 euros), cataplana (36 euros) o atún algarvio (15,20 euros). 



Hasta el abuelo le dio un sobresaliente esta primavera a su hamburguesa de 'angus'.


Una extensa carta de propuestas de todo tipo, en la que se incluyen zumos naturales y cócteles, que puedes pedir desde la misma sombrilla, tumbado en una hamaca y con el mar enfrente. ¿No es un lujo?


Aunque algún que otro día ha caído para paliar el hambre una tosta o bifana con cerveza en los kioscos de la entrada de la playa, otro de nuestros lugares preferidos para comer aquí es el chiringuito Zé Maria, con una terraza en la misma arena. 


El restaurante representa el otro aspecto popular y castizo de la playa. Y no hay nada mas que echarle un ojo al techo para darse cuenta de ello.


Zé María es el típico restaurante portugués, y con eso quiero decir que aquí estn asegurado los platos caseros, abundantes y ricos. Un lugar simpático y familiar para disfrutar con el plato típico de la zona, el arroz de lingueirão (navajas), las almejas, el atún, las sardinas, los chocos asados...




Es una casa de comidas algarvias, sin pretensiones estéticas, pero con cocina de calidad y sabrosa con buenos productos y vinos. ¡Ah! y deliciosos postres.



Después de estos suculentos almuerzos, nada como bajar la comida con largos paseos por la arena de la playa o divertidos baños en la orilla.


Creo que no hay nada que la playa de Faro no pueda ofrecer, por eso espero que en las próximas listas de 'las mejores' aparezca este lugar tan especial para pasar un gran día en el Algarve.






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