Cerro da Marina, un hotel con puntito





Tengo una amiga que cuando me dice que una cosa tiene su punto, significa que me va a encantar por su originalidad, porque tiene algo especial que lo hace diferente. Pues yo he encontrado en Albufeira un hotel con ‘puntito’, el Cerro da Marina. ¿Por qué? Por muchos motivos: su ubicación, privacidad, decoración o ambiente; son varias cosas las que lo convierten en un lugar diferente.


Uno de esos días en los que buscaba un chollo para escaparnos el finde al Algarve, me tope con una oferta irresistible de un hotel para mí hasta ese momento completamente desconocido, y sin embargo con buenos comentarios y fotos muy atractivas, así que decidimos probarlo.


Mira que hemos idos veces a Albufeira, pero nunca habíamos llegado a pasar más allá del ascensor que baja a la playa do Penedo y a esa parte alta de la ciudad encima del puerto de pescadores. Una zona residencial creada en un cerro, por encima del cementerio, donde conviven algunos de los primeros chalets veraniegos con modernas mansiones mirando hacia la marina. 


En medio de esta urbanización, en la rua do Cerro Grande, camuflado entre preciosas buganvillas, encontramos el Hotel Cerro da Marina. Un tres estrellas, que admite mascotas en sus instalaciones, y cuyo edificio, por su tipología, responde a esos primeros hoteles algarvios, entrañables, adornados con bonitas chimeneas y con el típico empedrado portugués como suelo.


Una alfombra roja da entrada a una recepción desde la que un ascensor nos bajó hasta nuestro dormitorio, un inmenso cuarto en el que, aunque quede patente la veteranía del hotel en algunos detalles, la última reforma lo ha acabado rejuvenecido y poniendo al día con un moderno televisor, wifi y climatización individual.


El baño está completamente reformado, con una ducha gigante y cómoda, y la habitación se ha redecorado inspirándose un poco los riads, con telas estampadas cayendo del techo, paredes estucadas en colores, objetos de barro o de materiales naturales.



Quizá esa decoración no esté de moda, pero esa habitación tenía su punto, era acogedora y más aún cuando te esperan chocolatinas en la mesilla y una gran terraza privada para disfrutar del sol algarvio.



Los pasillos de las habitaciones desembocan en un gran comedor de ambiente colonial, con grandes ventanales hacia la piscina. 


Un honesty bar y restaurante, en el que tienes a tu alcance durante todo el día comida y bebida y donde puedes quedarte a comer un menú diario de 12 euros con varias opciones, que cambian cada día.



El comedor se abre a la parte más tranquila y atractiva del hotel, una silenciosa piscina, con un chillout en el fondo presidido por un jacuzzi, una sala de masajes y un curioso y pequeño gimnasio elevado y mirando hacia el Atlántico.


El ambiente es tan agradable y tranquilo en este jardín que imagino que cuesta salir en verano de este refugio en esos días de bullicios en las playas de Albufeira.


Cerro da Marina rompe un poco los esquemas de los nuevas establecimientos hoteleros, situándose a medio camino entre la filosofía de un guesthouse y de un hotel, con un cierto aire vintage que te atrapa.


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